Tailandia un fascinante destino

Para poder completar nuestro post acerca de Tailandia, traemos algunos destinos obligados de ese mágico lugar.

ruinas.jpg Las Ruinas de Sukhothai
Tal vez la lejanía de Bangkok (450 kilómetros) preste especial encanto a Sukhothai. El parque histórico de Kamphaeng Phet, también incluido en la lista de patrimonio de la Unesco, alberga los vestigios de la primera capital tailandesa, una ciudad trapezoidal que descansa sobre el río Ping. Las ruinas se recorren en coches eléctricos. Entre la fronda se elevan los majestuosos restos de templos como el Wat Singha o Wat Phra Kaew, con sus ingenuos budas sentados. Lo ideal es realizar algún tramo de la visita en solitario; por ejemplo, para contemplar con tranquilidad Wat Phra Si Iriyabot -con sus cuatro budas en distintas posturas: reclinado, caminando, de pie y sentado- o para quedarse pasmado frente a Wat Chang Rob, un impresionante templo con paredes adornadas por 68 figuras de elefantes.

Um Yom, visita a una tribu

El turismo étnico en Tailandia tiene solera, y, consecuentemente, no queda nada virgen. Si no fuera por los visitantes, los nativos vestirían a la manera occidental (algunos ya lo hacen). Pero el turismo es, junto a la agricultura, su forma de ganarse la vida (antes lo era el cultivo de opio). Las tribus al norte de Tailandia tienen origen birmano o chino (meo, karen, miren, akha, lisú…). Los viajeros pueden elegir entre visitar el poblado durante unas horas o quedarse dos o tres días en la jungla (pasar la noche en una choza cuesta unos cuatro o cinco euros). Un guía, miembro de la tribu, les acompaña en todo momento y explica en perfecto inglés lo que desean saber sobre las costumbres ancestrales. Visitamos la tribu lahu, en Um Yom, un poblado entre la bruma perpetua cerca de la frontera con Birmania. Los lahu se reúnen en torno a un ruedo de madera, donde se supone que el consejo de la tribu toma sus grandes decisiones. Los turistas pueden asistir a estas ceremonias, y, al término de la visita, los guías sugieren que se dejen unas monedas a los habitantes.

Mae Sod, la frontera

Otra etapa obligada es la visita a la frontera con Birmania. El poblado de Mae Sod se extiende en torno a una calle ancha y larga que llega hasta el río. Además del mercadillo y las innumerables tiendas, se puede cruzar el puente que separa ambos países y que lleva, en apenas cien metros, al Tercer Mundo. Para celebrar el fin del monzón, los escolares tailandeses uniformados arrojan a las aguas del río sus loi krathong, unas canastillas hechas de hoja de banano con velas. Al otro lado, los desharrapados niños birmanos se lanzan a las marrones aguas y los rescatan. Quién sabe, quizá para iluminar sus casas que carecen de luz eléctrica.

Elefantes en Mae Ping

El Gobierno tailandés ha querido darles un merecido descanso a los elefantes (que hasta hace poco hacían las tareas pesadas en el campo, sobre todo en la tala de árboles en la selvas) y ha creado una docena de reservas, donde exhiben sus habilidades con horario de oficina. En la de Mae Ping es posible dar un paseo, subir colinas e incluso atravesar ríos, montado en sus lomos. En el mismo paquete se puede contratar una plácida navegación por el río en balsas de bambú. Los más atrevidos pueden cambiar la balsa por el kayak, y las aguas tranquilas por otras más briosas, como las del río Mae Lamao.

Chiang Mai

La última etapa del viaje es Chiang Mai, la principal ciudad del norte y segunda del país, que tiene casi todas las ventajas de Bangkok y casi ninguno de sus inconvenientes. Un tráfico más comprensivo; un mercado nocturno bien surtido, incluyendo imitaciones (si comienza en Bangkok su viaje, deje las compras para Chiang Mai), y una oferta monumental más auténtica, la convierten en un destino imprescindible. Se cansará de ver templos, algunos primorosos, como el Wat Chedi Luang o el Wat Phra Sing, aunque el más venerado es Doi Suthep, en una montaña a las afueras, desde donde se divisa la ciudad. Para acceder al templo hay que subir más de 600 escalones. En la cima se ofrece una variedad de actividades: desde sacar fotos a monjes y templos, tirar los palillos chinos de la suerte, tocar las campanas rituales o recibir una bendición en forma de pulsera. Llama la atención la proliferación de anuncios de escuelas de budismo que tientan a los extranjeros a participar en cursos, no siempre a precios bajos.

La noche de Chiang Mai es menos movida que la de Bangkok. Antes de nada, no pique con la tradicional cena Khantoke, no es más que una turistada folKlórica. Al margen de templos, elefantes y tribus, el norte de Tailandia merece la pena simplemente por el trato de la gente, esa amabilidad casi congénita (que aquí se denomina thainess, algo así como tailandicidad). Sentarse en una terraza a tomar una singha (una cerveza) o degustar unos noodles picantes en un puesto callejero bastan para comprobarlo.

Comentarios

  1. rogelio cortes p. dice

    VOY A IR EN OCTUBRE A TAILANDIA POR UNOS 30 DIAS, LO CUAL DESEO CONTACTAR GENTE DE TODO EL MUNDO QUE HAYA IDO O DESEO IR EN ESAS FECHAS Y DECIRME SUS CONSEJOS ASI COMO TIPS. HABLO INGLES GRACIAS SOY MEXICO E IRE DE MOCHILERO

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