Viaja a Tabasco

tabasco.jpg Prevenidos con los mosquitos, de eso nadie se salva, pero como dirían en estos lugares, “es el precio de visitar las maravillas naturales”.

Armados con ropa de manga larga (pero fresca), para soportar el calor extremo que presenta Tabasco, los turistas caminan en hilera por pasajes de madera.

Estas construcciones se elevan entre las raíces y plantas que crecen en este ecosistema lodoso.

Como parte del recorrido los visitantes conocen “la casa del agua” o Uyotot-Ja, un centro de difusión e investigación abierta al público que busca aventura.

Desde la zona turística de los pantanos de Centla se aborda una lancha. Durante 40 minutos, aproximadamente, navega por los rincones salvajes de Tabasco.

En el trayecto no es difícil encontrarse con monos, tanto los aulladores o sarahuatos como los carismáticos monos araña.

Los que se esconden

Si tiene suerte encontrará algún cocodrilo menos acostumbrado al hombre, pues el ruido de los motores siempre les espanta y se pierden entre el mangle o las hierbas altas.

Aves y más aves se presentan a cada momento, por eso este recorrido también es frecuentado por los que disfrutan de su avistamiento.

El trayecto transcurre con rapidez por la distracción que provoca el entorno y las escalas rápidas que hace el lanchero.

Para mostrar algún detalle interesante, ya sea un nido de pericos o las huellas de algún animal grande, el operador de la barca se acerca a la orilla del cauce y detiene el motor para que todos lo escuchen con claridad.

Treinta minutos después se ven a lo lejos unas palapas con toque moderno: es la “casa del agua”, el destino que se ha buscado, donde un guía les espera en el muelle. Él los llevará entre aquellos senderos elevados construidos para atravesar esa zona de pantano.

En el centro

Este sitio es un museo en cuyas salas de exposición es más sencillo entender cómo funciona un pantano y qué es lo que le hace diferente a otros sitios con manglar verde y rojo. Después de esa explicación es momento de llevarlos por los senderos donde les presumen a los habitantes originales: los cocodrilos.

Ejemplares recién nacidos son protegidos y resguardados en las instalaciones, pero dos metros abajo están los padres, gigantes, de tres o cuatro metros de longitud, viviendo en completa libertad, sólo que se han adaptado al ajetreo humano sobre sus cabezas.

Las fotografías de los visitantes toman cada detalle, nada se pierde, desde las alas de una libélulas, las mariposas de color verde intenso, hasta los contrastes de color entre un parte de la vegetación y otra.

La recomendación es llevar calzado cómodo. Aquellos que deseen podrán subir a la torre de avistamiento y capturar buenas panorámicas.

Desde la parte más alta de este mirador, es posible ver el cruce de los ríos, la razón por la que se le ha llamado Tres Brazos, pues es allí es donde los ríos Grijalva, Usumacinta y San Pedrito se unen.

El tiempo de visita en el lugar generalmente es de una hora y media o dos. Posteriormente es momento de regresar a la lancha y llegar aun comedor a orillas del río donde la comunidad se organiza para ofrecerle la comida típica.

Así termina un recorrido por el pantano tabasqueño y la visita a tres ríos en un solo instante.

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