Fort Lauderdale

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Algunos sitios no se ufanan de ofrecer ‘”entretenimiento para todos los gustos” y no requieren llamar la atención, puesto que la privacidad es su distinción. Fort Lauderdale es una de esas ciudades que crecieron en tamaño y popularidad pero que no invocan a las multitudes viajeras. Así, es el sitio preferido por quienes buscan paz y exclusividad.

Durante décadas, las playas de Fort Lauderdale han fascinado a magnates y personajes de escaparate con su intimidad y su clima. El ambiente tranquilo hace que resulte fácil olvidar el tráfico de las megalópolis y la frigidez del noreste norteamericano. Por ello, los nidos millonarios han proliferado sobre los manglares, creando pequeñas islas entre canales que evitan la aproximación de los curiosos.

Para acomodar la ciudad a su estilo de vida, los residentes se hicieron de campos de golf y toda la infraestructura necesaria para albergar sus embarcaciones de recreo. Con el tiempo, los yates se reprodujeron hasta llegar al aparatoso número de ¡40 mil! Por ende, no es extraño que buena parte de Fort Lauderdale se encuentre fincada sobre agua y sea conocida como la “Venecia de América”. Tener un bote es aquí casi una necesidad que se hace imperativa, especialmente considerando la jerarquía del “vecindario”.

Quien viaje a esta ciudad y no tenga un yate esperándolo en la marina, no debe preocuparse porque la oferta para rentar uno es inmensa y siempre se tiene la opción menos onerosa de contratar un water taxi, que puede usarse para pasear por las zonas más privilegiadas de la ciudad sin ser interrogado por guardias de seguridad.
Fort Lauderdale es una alternativa a las ciudades habituadas a las oleadas de turistas, pero ello no significa que sea privativa, ya que la oferta de hoteles es amplia y se puede elegir la categoría de acuerdo con el bolsillo y el objetivo del viaje.

Fort Lauderdale es un destino célebre entre quienes viajan frecuentemente para resurtir el guardarropa y, de paso, gustan de pasear por la playa. Tanto entre los cazadores de ofertas como entre los clientes selectivos, la ciudad ha conquistado voluntades, no sólo por sus malls abundantes, sino también por la excepcional ubicación en la que se han instalado hoteles y otros servicios en torno a los santuarios del aparador. Sawgrass Mills (el centro comercial de precios reducidos más grande del mundo) y The Gallería (uno de los malls más completos de la región) están prácticamente rodeados de hoteles y restaurantes que facilitan el afán de compra de quien visita con este propósito en mente.

El paisaje playero siempre está habitado por personas que procuran cuidar su apariencia: trotadores, patinadores, ciclistas y caminantes recorren el boulevard. La gente entra y sale de los locales climatizados para protegerse del sol bajo sombrillas y palmeras, creando la postal perfecta del “viaje ideal” a la playa.
Para los amantes de la costa, Fort Lauderdale no se limita a su frente de mar y tiene otras opciones que permiten sacar el mayor provecho a cada visita. Las vecinas Pompano, Hollywood y Boca Ratón son playas que gozan de popularidad y, en cada una, se vive una atmósfera distinta que varía según la edad y las actividades preferidas de sus visitantes.
Quien se queda en la playa de Fort Lauderdale sabe que, una vez que el sol lo ha bronceado lo suficiente, siempre está la opción de dirigirse a Las Olas Boulevard y su prestigiosa zona de boutiques, galerías y restaurantes, donde el calor se combate con una bebida refrescante.

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