Puerto Peñasco

Puerto Peñasco es un sitio donde hay infinidad de criaturas marinas, desde raros invertebrados hasta juguetones lobos marinos; y lo mejor de todo es que hay quienes se preocupan por proteger todo este caudal de vida acuática.

En Puerto Peñasco es un sitio excepcional por las riquezas naturales que la rodean. Para quien esté dispuesto a ir en su búsqueda, le recomendamos recurrir al Centro Intercultural de Estudios de Desiertos y Océanos (CEDO) donde realizan “ecoaventuras”.

Las ecoaventuras, son visitas guiadas a distintos rumbos naturales de la zona. Las hay por las grandiosas dunas, volcanes y sahuarales de la cercana Reserva de la Biosfera del Pinacate y Gran Desierto de Altar.

La más sencilla de éstas es la de “pozas de marea”, por alguna de las playas de la ciudad. El alto Mar de Cortés es una zona de grandes mareas y su nivel suele subir y bajar varios metros, dos veces cada 24 horas (con luna llena o luna nueva, el desnivel llega a los siete metros). Al bajar el nivel del mar descubre una ancha franja costera. Y ahí, en los agujeros de las áreas rocosas, quedan atrapados cientos de animales marinos.

En el paseo, los guías muestran poza por poza. Levantan las piedras con cuidado para ver a las raras criaturas presentes: caracoles, pepinos de mar, lapas, camarones pistola (que espantan a los intrusos con ruidos como de disparos), anémonas, estrellas de mar y hasta pulpos que para ahuyentar a los humanos arrojan su tinta oscura…

Otra de las ecoaventuras es por los esteros de la costa desértica cercana, como el estero Morúa, nueve kilómetros al oriente. El recorrido se puede hacer a pie o en kayac. La vegetación es pobre en relación a los exuberantes esteros del sur de México, pero lo verdaderamente impactante del lugar es la presencia de incontables aves tanto residentes como migratorias.

La ecoaventura más espectacular que ofrece el cedo es en San Jorge, una isla rocosa a unos 40 kilómetros al sureste de Puerto Peñasco. Este promontorio de 41 hectáreas es residencia de pelícanos, bobos (cafés y de patas azules), gaviotas, cormoranes, murciélagos y los lobos marinos.

Las embarcaciones del cedo suelen acercarse a la costa (en áreas permitidas), donde los viajeros pueden nadar, esnorquelear o deslizarse en kayac. Y como aquí los lobos viven sin temores, ocurre el milagro de que ejemplares jóvenes de estos amistosos mamíferos marinos hacen coro en torno a los humanos y se ponen a jugar y a nadar con ellos. En esos momentos uno entiende por qué han llamado al Mar de Cortés, “Acuario del Mundo”.

Mas informacion en

CEDO

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