Paquimé, Chihuahua.

El cielo abierto y su luminosidad de un azul intenso. Los rayos del sol revelan el esplendor de la zona arqueológica de Paquimé.

Lo que ahora se ve como un maravilloso laberinto, fueron edificios habitacionales que llegaron a medir hasta seis pisos de altura. Con amplios patios, escaleras, talleres y centros ceremoniales.
La innovación fue su arquitectura de tierra con puertas en forma de “T”, de un metro y treinta centímetros de altura. Se construyó en adobe, en parte para regular la temperatura de las habitaciones. En tiempo de calor el interior se mantiene fresco y durante el invierno, cálido.

La ciudad fue levantada por “hombres para los hombres,” a diferencia de Teotihuacán, Monte Albán u otras, que fueron de los hombres para los dioses.

Los habitantes hicieron suyos elementos de las culturas del norte, entre ellas la hohokam, la anazasi y la mogollón, como el tipo de arquitectura y el culto a las aves, así como el juego de pelota de los toltecas.
La zona fue inscrita por la Unesco en la lista del Patrimonio de la Humanidad en 1998. Los colores del cielo se mezclan en tonos rojizos y púrpuras.

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