San Fermín.

Todos los años, entre el 6 y el 14 de julio, Pamplona se viste con sus mejores galas para celebrar por todo lo alto la festividad de San Fermín, patrón de Navarra, y la ciudad se convierte por unos días en la capital de la juerga y de la alegría de vivir.

Encierros, corridas de toros, procesiones y toda clase de espectáculos se suceden en una semana de vértigo que pone a prueba la resistencia de la enorme cantidad de gente que se anima a vivir de cerca unas fiestas en las que es imposible asistir como mero espectador.

Además, como ciudad abierta y hospitalaria, todo el que viaja a Pamplona durante estas señaladas fechas tiene la impresión de sentirse como en su propia casa.

En un principio esta fiesta, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, se celebraba en el mes de octubre, sin embargo, con el paso de los años se trasladó al mes de julio, un tiempo climatológicamente más propicio.

Acudir a este acto es un verdadero espectáculo. Miles de personas se apiñan en la Plaza del Ayuntamiento y esperan con ansiedad a que el alcalde o la alcaldesa, cuando el reloj marca las 12 del mediodía, diga las palabras mágicas: “Pamploneses, viva San Fermín, gora San Fermín” al tiempo que resuena el estruendo de la pólvora y, sobre todo, los gritos de entusiasmo de la gente allí congregada.

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