Trenchtown rock

jamaica

Al sur de la isla se encuentra Negril, otra de las ciudades importantes, no lejos de Kingston, la capital. Desde allí es recomendable hacer un típico paseo en el catamarán Cool Kat Kelly, una travesía de dos horas y media hacia el Este recorriendo la costa, amenizado con tragos y música de un DJ, hasta las playas de Seven Mile.

La excursión navega junto a desfiladeros de 40 metros donde los lugareños se tiran clavados y unas cuevas que fueron refugio de piratas y que en la actualidad forman parte de un exclusivo hotel, y termina con la vista de la puesta de sol.

Los turistas ansiosos por escuchar algo de auténtico reggae en su lugar de origen o interiorizarse en la cultura rastafari probablemente se frustren un poco. Los guías y el personal de los hoteles recomiendan siempre no alejarse de los resorts ni de las combis. Ni hablar de movilizarse en transporte público. “Es peligroso”, advierten a quien consulte sobre alguna forma de aproximación a la verdadera Jamaica.

Indefectiblemente, para conocer una isla acaso menos simpática, pero más real, habrá que salir de los resorts e internarse en alguno de los pueblos que se van sucediendo por la ruta costera.

En alguna de las muchas ferias de artesanías, por ejemplo, se consiguen buenas esculturas en madera, regateo de por medio. Los vendedores seguramente se abalanzarán sobre los turistas e intentarán venderles mucho más que sus trabajos, incluso pequeñas bolsitas con cierto producto que ya casi es un cliché jamaiquino. Lo cierto es que hasta para quien escapa del resort en busca de algo menos artificial, la experiencia puede llegar a ser particularmente contradictoria.

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