Iniciar el invierno en Stonehenge, Inglaterra.

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Este conjunto de monolitos situado en el Sur de Inglaterra se convierte en un excelente marco para iniciar el solsticio invernal. Ven a participar en la singular ceremonia que tiene lugar en uno de los lugares prehistóricos más fascinantes y misteriosos del mundo.

Un sinfín de mitos y leyendas rodean este enigmático conjunto megalítico, unas apuntan que fue el Mago Merlín su creador, otras que el Rey Arturo ejerció de arquitecto, los primeros académicos lo legitimaban como un centro ceremonial de druidas y tampoco faltan las teorías de los ufólogos que vieron en él un lugar donde aterrizaban ovnis o una gran telescopio usado por extraterrestres.

Entre el 21 y el 22 de diciembre, cuando el año sale de la oscuridad y comienza el largo recorrido de la primavera decenas de miles de personas se reúnen en este lugar para participar en la noche de los druidas. Al amanecer, bajo la lluvia o la densa niebla, los hombres con barbas largas, las mujeres con cabello largo, vestidos de blanco, algunos con flores en el cabello, muchos con espadas o antorchas encendidas, otros tocando tambores o instrumentos… Todo parece una alucinación, pero es un experiencia única, que también se repite durante el solsticio de verano.

El misterio que envuelve el círculo de descomunales monolitos que ha llegado a nuestros días atrae cada año a viajeros de todas las esquinas del mundo. Aunque no se acierte a adivinar su existencia, lo que sí parece seguro es que algunas de sus moles pétreas fueron acarreadas nada menos que desde las montañas galesas de Preseli, a casi 400 kilómetros de esta llanura de Wiltshire, situada a 13 kilómetros de Salisbury y a 150 de Londres.

Toda una proeza si se tienen en cuenta los medios de transporte que debían existir allá por el 3.000 a.C., que es cuando se estima que se comenzara a erigir el monumento megalítico más extraordinario y enigmático del planeta, declarado en 1986 como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

A la dificultad de traer hasta aquí estas piedras gigantes –algunas de más de 50 toneladas- cabe añadir el trabajo de darles forma, puliéndolas y recortándolas, con las herramientas que había en la Edad de Bronce, o la complejidad de alzar los monolitos y fijarlos sin que se desmoronaran, por lo que Stonehenge es todo un hito de la ingeniería prehistórica, amén de una prueba evidente de que tuvo que ser una sociedad muy sofisticada la que fuera capaz de orquestar una obra de semejante envergadura. La dosis de esfuerzo y organización que sin duda requirió fue tal que no faltan quienes, ante el enigma sobre quiénes fueron sus constructores, elucubren teorías sobre civilizaciones misteriosas .

Se cree que Stonehenge fue construido en tres fases a lo largo de 1.500 años y que sus piedras, tras ser transportadas en balsas por la costa de Gales hasta el río Avon, eran arrastradas por tierra hasta aquí, aunque muchas de ellas también procedían de Marlborough Downs, a unos 30 kilómetros. El conjunto está constituido por descomunales bloques rectangulares de piedra dispuestos en círculo rodeados por una zanja también circular y por medio centenar de hoyos que podrían haber sido utilizados para enterramientos y que, a su vez, forman un anillo en tono al complejo.

El círculo de monolitos, en cuyo interior se levanta una construcción en forma de herradura, sumaba una treintena de columnas sobre las que se apoyaban bloques más cortos que formaban un dintel continuado. El paso del tiempo y los expolios han hecho que lo que hoy puede ver todo el que se acerque a admirar el prodigio sea sólo una porción de lo que llegó a haber, con 17 de sus piedras gigantes en pie. Aun así su contemplación emociona.

En invierno y también durante el solsticio de verano, cuando el sol sale prácticamente por encima de una piedra conocida como Heel Stone que, si uno la mira desde el centro del círculo, puede ver cómo queda alineada con el horizonte. Son los mejores días para que los modernos druidas de hoy se dejan caer por Stonehenge y celebren su particular ceremonia.

En el entorno la catedral de Salisbury, un raro ejemplo de la arquitectura gótica inglesa, considerada por algunos como la más bella catedral del siglo XIII construida en este país. Y además el recorrido por el sur de Inglaterra puede aliñarse con ciudades del encanto de Bath, Brighton o Canterbury.

Más información
Turismo Británico y www.english-heritage.org.uk

Este conjunto de monolitos situado en el Sur de Inglaterra se convierte en un excelente marco para iniciar el solsticio invernal. Ven a participar en la singular ceremonia que tiene lugar en uno de los lugares prehistóricos más fascinantes y misteriosos del mundo.

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