Huicholes, en la Sierra Occidental

huichol

Quizá sea la manera en que te miran o las figuritas que tejen en sus pulseras, una protección, dicen. Los huicholes no hacen nada si no tienen un motivo y el primer acercamiento que se puede tener con ellos es el del respeto.

A unos kilómetros de la playa, en San Blas y no es inexplicable que esta etnia se mezcle entre los turistas y trate de pasar desapercibida, los asociamos más a Real de Catorce o a Durango, pero Jalisco, Nayarit y Zacatecas, también son dominio wixarika, el nombre etnónimo que se le dio a los huicholes. Según su historia geográfica, la barranca de Bolaños, en Nayarit, es el lugar que los vio nacer.

La Fiesta del Tambor, uno de los ritos sagrados en el que se canta y danza mientras un sacerdote conversa con las diferentes deidades para agradecer la temporada de lluvias. Después de la ceremonia se puede  comer tortillas azules y probar el tejuino, una bebida hecha a base de maíz fermentado.

Tres horas de camino en autobús para llegar a Bolaños. El sonido del tepo (el tambor sagrado) recibe a los visitantes. Hombres y mujeres han pintado sus rostros y están formados en círculo. Llevan es sus manos unas varas.

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