Experiencia en Parras, Coahuila

murcielagos

En medio del desierto se asoman los nogales y,el verdor de los viñedos que constrata con el dorado de las montañas. Se ha visitado una maquiladora de mezclilla y la bodega vitivinícola Casa Madero.Ahora se parte al “fuque”, a un río subterráneo, pues.

Para llegar al fondo de la cueva hay que caminar kilómetro y medio. El grupo se auxilia con lámpara y cascos. La luz es nula hasta que se llega a un boquete, mismo que abrieron años atrás porque pensaban que aquí había minerales.

De las piedras escurre y salpica agua pura, dicen que es un manantial. Los chorritos salpican, qué más da si el agua ya cubre hasta la cintura, pero de ahí no pasa. Cae una cortina de agua, si le da el sol se puede ver un arco iris. Se aprovecha la regadera natural para lavar la cara y por donde se tenga lodo.

Para salir del fuque hay que seguir caminando, aunque las piedras se interpongan; sirve que se hace pierna. No se llega al final caminando sino nadando. “Flojitos y cooperando”, como dice el dicho para que la corriente del agua sea la que nos saque.

Fuera las ropas mojadas. Hace hambre. La camioneta ahora nos lleva a la Hacienda Perote, ésta tiene una sorpresa reservada para cuando el sol se despida de Parras, Coahuila.

La comida es la mejor forma de esperar a que den las seis de la tarde. Nos alejamos del bullicio. Entre pequeños cerros está la entrada de donde saldrán murciélagos. Unas rocas sirven de asientos para esperar la parvada.

Chillan, les urge ir a conseguir comida. Saben guiarse a pesar de que la única luz que hay es la de la luna. Ya no se pueden contar. En media hora todos salen de la cueva.

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