Recorrido de cantinas en el Centro Historico.

Caminar el Centro Histórico era ajeno a su mundo, toda una aventura extrema. La agencia Rec organiza este singular recorrido.

Iniciando por Isabel La Católica hasta la calle de Mesones, donde está la Pulquería La Risa (que hace esquina con la 1ª de Mesones, a una cuadra de la calle peatonal de Regina).

La Risa es una especie en peligro de extinción. Las pulquerías son los antecesores de las cantinas, y de las 250 que existían en el Centro Histórico, ahora sólo quedan 50.

En el número 49 de Venustiano Carranza, La Faena Museo Taurino es la decadencia más cochambrosa. Mientras le da un trago a su cerveza como para espantarse de susto, recorre con la mirada el gran salón con vitrinas quebradas y percudidas que conservan los empolvados trajes de luces de famosos toreros, carteles; maniquíes de pelos sucios, desaliñados y de piel amarilla, y cuadros al óleo.

Está apartada de la vida callejera gracias a un largo pasillo cubierto de mosaicos con frases como ésta: “Hablando de amor, es como se aprende a mentir. Stendhal.”, y uno que otro fino albur.

Aquí supe que las auténticas cantinas tienen su barra y contrabarra, su canalito o escupidera y estribo para posar “la patita” y no cansarse.

El Bar Mancera, ubicado en el mismo predio de La Faena. Ésta sí que es elegancia porfiriana pura: candelabros y decorados afrancesados y una barra de madera tallada de más de 80 años de antigüedad.

Más entradita la noche, también se programan fiestas con música de DJ.

Sobre la misma calle rumbo al Gallo de Oro que ahora ocupa el primer lugar como la cantina más antigua (1874), después del desafortunado cierre de El Nivel, en la calle de Moneda. Las primeras cantinas como el Gallo de Oro se instalaron en las esquinas, así podían tener dos entradas, una en cada calle.

Cruzamos Eje Central y seguimos por la calle Independencia, paralela a avenida Juárez, a la altura del Barrio Chino.

En la Cantina el Tío Pepe se reúne frecuentemente un par de licenciados a contarse sus penas, a quejarse de la esposa o del jefe; un cancionero complace con unas de Álvaro Carrillo; la mulata de piel de seda y color caoba es un ángel que reconforta a las almas afligidas dentro de estos muros pintados de azul. Pocos se fijan en el esmerado trabajo de ebanistería de su barra.

Dice David que aquí también se juntaban los integrantes de la Banda del Automóvil Gris.

Para terminar en La Ópera, en la calle 5 de Mayo. Aquí queda bien decir, “la última y nos vamos”.

Nos cuenta David que ellos también organizan un recorrido, casi antropológico, de cine porno. No, a ese definitivamente no voy, mi acompañante me chilla en el oído. Ya veremos.

Recorrido Cantinas del Centro Histórico: Precio y salidas al 2458 4605. El consumo va por tu cuenta. Mayores de 18.

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