Los laberintos de Chartres

En el mismísimo eje de la nave central, si no vas espantando moscas, verás en el piso un círculo de 13 metros de diámetro. Baldosas blancas y negras forman un sendero que circunvoluciona hasta llegar al centro, aunque deberás escoger el camino para no equivocarte y para no hacer trampas pasando por arriba.

Acuérdate de que estás en una iglesia y haz las cosas correctamente, para variar. Aseguran que este laberinto tenía en su centro una placa de bronce con las figuras de Teseo, Ariadna y el Minotauro.

Parece que no era la única iglesia con laberinto, pero es una de las pocas que lo conserva. A la placa de bronce la sacaron durante la revolución francesa para fabricar cañones, lo cual es un agravio para Teseo y para todos los ovillos del mundo, aparte de una estupidez.

Pues bien, ese laberinto data de 1205, nada menos, y si quieres hacer las cosas como en el Medioevo, deberías recorrerlo de rodillas hasta llegar al centro.

A propósito del centro: instálate en él y mira el Rosetón que caracteriza la fachada. Ahora imagínate que esa pared de frente se recuesta sobre el suelo; en ese caso quedarías justamente en el centro del Rosetón.

No me digas que los misterios no tienen su encanto. ¿Qué habrán pretendido los Templarios? El hecho es que este laberinto tuvo su fama y los vecinos de Chartres lo reprodujeron en varios lugares, dando otro pretexto a tu viaje.

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