Ciudad de Nantes, Francia

Como toda ciudad que ha sabido reinventarse a sí misma tras una gran crisis, Nantes tiene una vitalidad y un dinamismo que la han llevado a convertirse en la capital atlántica francesa. Después de reconocer y asumir su condición de primer puerto negrero de Europa durante el siglo XVIII, la ciudad ha tomado distancia del pasado y ha recuperado un valioso patrimonio hasta ahora silenciado. En efecto, durante muchos años el tráfico de esclavos por una parte y el comercio marítino y la construcción naval por otra modelaron la fisonomía de la ciudad. Tras el cierre de los astilleros en 1987, Nantes ha resurgido a partir de nuevos proyectos urbanos de vanguardia.

MEDIEVAL Y MODERNA

Junto a esta nueva faceta de ciudad contemporánea, se encuentra la huella medieval, encarnada en las calles adoquinadas del barrio del Bouffay y en el imponente castillo de los Duques de Bretaña, situado en pleno centro de la ciudad. De la época dorada del tráflco de esclavos la ciudad conserva mansiones señoriales, jardines exuberantes y la antigua isla Feydeau, donde la riqueza de los armadores dio lugar a un nuevo barrio, reconvertido hoy en un espacio verde bordeado de suntuosas fachadas con balcones de forja y antiguos mascarones que dan un aire mitológico a sus puertas y ventanas.
La plaza Royale, con su monumental fuente de granito azul, es el lugar ideal para tomar el pulso a la ciudad e iniciar el itinerario urbano. Junto a la plaza se levanta la iglesia de San Nicolás, que deja paso al centro histórico de la ciudad, el barrio del Bouffay, cuyas callejuelas evocan los antiguas gremios medievales: calle de las Caballerizas, de los Regidores. Sus casas centenarias, embellecidas con entramados de madera, ménsulas y voladizos, acogen hoy multitud de tiendas y restaurantes, que hacen de este barrio el principal centro de reunión cuando cae la noche.

Callejeando por el casco antiguo se desemboca indefectiblemente en la calle de Verdun, una popular arteria que conduce hasta la puertaSaint-Pierre, la monumental entrada a la ciudad del siglo XIII. Luego se llega a la catedral de San Pedro y San Pablo, con empinadas bóvedas que definen un estilo gótico de líneas muy puras. Levantada a lo largo de más cuatrosiglos (entre 1424y 1893) la catedral de Nantes fue destruida y reconstruida en varias ocasiones, la última tras un devastador incendio en 1972. En el interior no hay que perderse el conjunto escultórico que forman la tumba de Francisco II y Margarita de Foix, obra maestra de Michel Colombe (1430-1512), uno de los escultores franceses más importantes del Renacimiento.

EL PALACIO DUCAL

A un lado de la Catedral y protegido por la antigua fosa de defensa, se levanta el castillo de los Duques de Bretaña. Su ajetreada historia está vinculada al devenir de la ciudad, ya que se erigió en el siglo xv como fortaleza defensiva y palacio ducal, y con el paso del tiempo fue morada real, cuartel del ejército, arsenal, bunkernazi y finalmente museo. Tras doce años de remodelación, el castillo acaba de reabrir sus puertas al público, con un renovado Museo de Historia de Nantes, un gran patio interior y un circuito que transcurre por lo alto de las murallas con las mejores panorámicas de la ciudad.

Escondidas en el entramado urbano, la ciudad de Nantes depara algunas sorpresas con nombres propios. La más interesante es sin duda el pasaje Pommeraye, una genialidad arquitectónica barroca inaugurada en 1843. Su escalera monumental adornada con estatuas alegóricas comunica tres plantas de tiendas y comercios bajo una elegante galería de cristal. Otro de los emblemas de la ciudad y símbolo de su poderío industrial es la Torre LU, antigua sede de la afamada marca de galletas, transformada en centro cultural. Para completar los nombres que rinden homenaje aNantes hay que mencionar a Le Corbusier, que en la Maison Radieuse lega a la ciudad la esencia de su visión arquitectónica; Jean Nouvel, con un modernísimo palacio de Justicia que surge entre las naves industriales abandonadas de la Isla de Nantes; y Julio Verne, hijo predilecto de Nantes, cuyo renovado museo es, como la vida del novelista, una auténtica caja de sorpresas.

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