Navidades en Tailandia.

Es un destino lejano, bastante lejano, pero si te gusta lo diferente, lo exótico y quieres celebrar una Nochevieja única, Tailandia es una tentación este año. Primero porque su capital, Bangkok, aspira a celebrar la fiesta más brillante de Asia-Pacífico, pero también por el gran número de planes que brinda de una punta a otra del país.
En Bangkok toda la atención está centrada en Central World Square y en el Hands Bangkok Countdown, una torre de 18 metros de altura cuyo reloj digital será el encargado de dar las campanadas en medio de una lluvia de fuegos artificiales que se dispararán sobre el cielo de la ciudad. Se espera que más de 300.000 se reúnan en este lugar y unan sus manos en símbolo de paz para entrar en el 2011. La celebración comenzará a las 19,30 y se extenderá hasta las dos de la madrugada, con conciertos en vivo en los que se darán cita los mejores artistas tailandeses. Y todo ello… gratis.
Más allá de celebraciones en la calle, numerosos restaurantes, bares y discotecas del Bangkok más chic organizan fiestas para todos los gustos –la lista la puedes consultarla en la web www.cnngo-, aunque si eres un nostálgico y, aun lejos de casa, deseas despedir 2010 a la ‘española’, tu opción es el restaurante Rioja, el único español en la ciudad, que propone un menú muy especial para estas fechas tan señaladas y una gran fiesta española en el corazón de Bangkok para estrenar el año.
Phuket, sol y diversión en familia
Más típicamente tailandesa, y especialmente pensada para familias, es la celebración que brinda la isla de Phuket. Aquí abundan los centros comerciales, pero también las playas más paradisíacas del país, como Patong, Kata o Kamala, esta última poseedora de la “milla de millonarios”, una colección de mansiones a lo largo de una calle laberíntica sobre un acantilado a orillas del mar.
Y también allí aquí se encuentra Phuket FantaSea, un gran parque de atracciones que ocupa más de 56 hectáreas, con multitud de restaurantes, tiendas, atracciones… Abre todo el año, pero esta temporada navideña ofrece menús especiales y además presenta The Ultimate Nighttime Cultural Theme Park, un show que combina cultura tailandesa con ballet aéreo, acrobacia, fuegos artificiales, efectos especiales, trucos y más de 30 elefantes que harán las delicias de toda la familia.
Ko Samui y Ko Phangan, sólo para noctámbulos
Chaweng Beach es la zona de Samui más desarrollada y transitada de noche, con infinidad de bares, restaurantes, discotecas, centros comerciales, tiendas y mercadillos donde saciar la sed más consumista y una extraordinaria playa donde reponer fuerzas. Este Fin de Año la cita es hasta el amanecer en la playa de Chaweng, con fuegos artificiales y linternas de gas en lo que ya se conoce como el Bikini Countdown.
El hotel Melati Beach Resort & Spa, situado en Samui y cuya arquitectura y diseño se integran como elementos del paisaje tropical, es uno de los hoteles que propone pasar estas fechas bajo el sol de Tailandia sin olvidar el espíritu navideño.
A media hora en barco se encuentra la vecina isla de Ko Phangan, famosa por sus Full Moon Parties que no quieres ser menos, y ha preparado fiestas especiales en la ya conocida playa de Hat Rin, además de contar con un paquete especial de cuatro noches con alojamiento, traslados y entrada a la fiesta.
Chiang Rai, para activos amantes de la naturaleza
Es visitada al año por miles de viajeros por ser la puerta del famoso ‘Triangulo del Oro’, punto de reunión donde se divisan tres fronteras, Laos, Birmania y Tailandia, bordeados por el río Mekong, pero, ¿por qué no pensar en ella como destino para concluir 2010?. Podrás realizar un safari en elefante por el interior, un descenso por el río Mae Ping en balsa de bambú, un paseo por los alrededores en carros tirado por bueyes y todo tipo de actividades como senderismo, bicicleta, avistamiento de aves, excursiones en todoterreno por la selva… El hotel Anantara Golden Triangle, famoso por su extraordinario campo de entrenamiento de elefantes, ofrece un paquete de dos o más noches especial para familias.
Inscripciones Chinas

Hasta en el continente asiático, podemos encontrar uno de estos curiosos sitios bajo el agua, con sus puertas ya abiertas al público; el Museo Subacuático de Baiheliang, un sitio arqueológico ubicado en Chongqing (al centro de China), quedó sumergido bajo las aguas del embalse de las Tres Gargantas, tras ser construido hace apenas unos años.
Se trata de un promontorio rocoso donde están grabadas las inscripciones hidrológicas en piedra más antiguas del mundo, en las que quedaron registradas, a lo largo de mil 200 años, las variaciones del nivel de las aguas del río Yangtzé, las cosechas y los títulos de los miembros de la dinastía Tang.
Antes de la construcción del embalse, el promontorio quedaba cubierto en las épocas de crecida de las aguas, pero visible en las de estiaje, lo que permitía apreciar las figuras de peces grabados en la piedra y las inscripciones.
“Para proteger el sitio, las autoridades chinas decidieron cubrirlo con un receptáculo en forma de arco, protegido por el agua. Además, se han construidos dos túneles subacuáticos desde las orillas que permiten al público visitar el sitio y contemplar las inscripciones a través de los cristales de protección”, detalla la UNESCO.
Mar Rojo.

Le llamaron así, pero bien podría haberse bautizado como verde, rosa, amarillo… tantos colores como la naturaleza ha derramado en estas aguas en forma de corales, plantas y peces. Se decidieron por el rojo debido a una rara clase de alga flotante que a menudo aparece agrupándose en placas rojas y rosáceas en la superficie del agua, aunque hay media docena más de teorías sobre el origen del nombre.
Las zonas mejor aprovechadas para el buceo son las de Egipto y Jordania que tiene en Aqaba su única salida al mar y uno de sus principales centros turísticos. Pero es aquí donde se puede disfrutar de uno de los mejores fondos marinos y donde la vida animal y vegetal es más rica.
El clima templado de la zona y las suaves corrientes de agua han creado el entorno perfecto para que crezcan corales y se desarrolle una variada vida marina. Se dice que es, incluso, más rica en corales, peces y otros organismos marinos que el propio Océano Índico. Se puede nadar con grandes tortugas de mar y juguetones delfines que se sumergen en bancos de diminutos peces multicolores.
Los expertos aseguran que hay más de 400 especies distintas de corales como el coral en rama, el coral fungia y la montipora, además del archelia, una especie poco común en forma de árbol de color negro que sólo se encuentra a grandes profundidades y que fue descubierto por primera vez, cosas de la vida, por el mismísimo Rey Hussein.
También hay una ingente cantidad de especies entre las que destacan los “napoleones”, muy característicos de la zona, barracudas, y peces cuyos nombres recuerdan otros conceptos: payaso, cocodrilo, trompeta, león, ángel, león, loro, pequeños peces cofre, alguna que otra morena y el temible pez globo o “puffer” el cual, al ser molestado se hincha de agua como un globo, de ahí su nombre, aunque erizado de púas.
Reabre mirador de la torre más alta del mundo

Luego de casi dos meses, se puede visitar de nueva cuenta el rascacielos Jalifa de Dubai
El mirador de la torre más alta del mundo, el rascacielos Jalifa de Dubai, reabrió hoy tras casi dos meses de cierre por problemas en un ascensor, informó hoy la prensa local.
El pasado día 8 de febrero cerró al público el mirador después de que un ascensor experimentara problemas de suministro eléctrico.
Según el diario emiratí The National, los turistas han vuelto a subir al mirador de la torre, situado en el piso 124, de un total de 192.
Los visitantes ya pueden abonar 72 dólares para subir al mirador en uno de sus 57 ascensores y admirar las impresionantes vistas.
La Torre Jalifa, con 828 metros de altura y 192 plantas, fue inaugurada por todo lo alto el pasado 4 de enero en el emirato más famoso de los siete que componen los Emiratos Árabes Unidos.
El edificio tiene forma de aguja, costó 1.500 millones de dólares y tardó cinco años en erigirse
Bután

Pocas esquinas quedan en este planeta en las que, como ocurre en Bután, todavía se puede aparcar en seco la vida a la carrera que impone el mundo occidental. Conocido por sus habitantes como la tierra del dragón del trueno y por muchos de sus admiradores como el último Shangri-Lá, este reino del Himalaya del tamaño de Aragón, encajonado entre los gigantes chino e indio, ha permanecido cerrado a cal y canto al resto del mundo hasta hace tres décadas. De alguna manera todavía lo está; más por deseo de sus gobernantes que por el blindaje natural que le proporciona una orografía salpicada de sietemiles.
Sólo la línea aérea nacional conecta el aeropuerto de Paro, el único del país, con un puñado de ciudades asiáticas; el viajero que desee dejarse hipnotizar por sus paisajes y su espiritual forma de vida apegada a la tradición y a la filosofía budista tendrá obligatoriamente que desembolsar de antemano una tasa de entre 165 y 240 dólares al día con, eso sí, el alojamiento básico, las comidas y el transporte incluidos, amén de un guía que les ayude a descifrar las claves de este país en plena transición del medievo a la sociedad de internet y la conquista espacial. El requisito es uno de los muchos que impone el gobierno para ahuyentar el turismo masivo y preservar la identidad de sus habitantes, que por ley están obligados a vestir el traje nacional.
Bután, que hasta la década de los sesenta no contó con electricidad, carreteras o coches, ha sido también el último país del planeta en permitir la televisión, y sólo hace cuatro años el rey Jigme Singye Wangchuck abdicaba en su hijo mayor para sentar las bases de una transición hacia la modernidad, convirtiéndose en la democracia más joven del mundo al celebrar, a finales del año pasado, sus primeras elecciones.
Bután es un país humilde y agrícola, feudal en muchos aspectos, aunque a cambio anda sobrado de templos centenarios posados en lo alto de fenomenales riscos, de aldeas intactas entre los bosques que cubren tres cuartas partes de su geografía, de valles y arrozales y de una naturaleza emocionante sobre la que ondean las banderas de plegaria. Por no mencionar el curioso Índice de Felicidad Interior Bruta que, para complementar el clásico medidor de la renta per cápita, acuñó el anterior rey.
Semejante paréntesis en el mundanal ruido da pie a emprender insólitos trekkings para avistar pájaros, orquídeas o plantas medicinales o para atreverse con caminatas más duras y a mayor altitud en las que escasean los turistas y las infraestructuras, pero también para retirarse a meditar, sin renunciar a la menor comodidad, instalado en alguno de los hoteles de lujo del puñado que atesora el país, donde entregarse a unos días o semanas de yoga y a terapias holísticas con las que reequilibrar cuerpo y mente, en un entorno empapado de espiritualidad.
Cómo llegar
Sólo la compañía nacional, Drukair, conecta la ciudad de Paro con un puñado de puntos en Asia como Delhi (vuelos desde España con Swiss, además de Katmandú, Bangkok y Calcuta. Especialistas en viajes organizados, como Nuba, proponen rutas de una semana, con recorrido y visitas por los puntos esenciales del país y alojamiento en sus mejores hoteles, además de clases con profesores de yoga particulares y hasta la oportunidad de visitar un lamasterio para quienes busquen contagiarse de la espiritualidad del país. Los precios parten de 4.000 € sin incluir los vuelos internacionales.
Dónde dormir
El Uma Paro abrió hace cinco años en el antaño hogar de un noble butanés como uno de los pocos hoteles de lujo de todo el país. Su treintena de habitaciones, villas y suites, de gusto exquisito, integran con naturalidad pasmosa la estética local con las pantallas planas y las esteras de yoga. Porque, además de un establecimiento desde el que descubrir los templos y valles de Bután, este boutique-hotel está concebido como un retiro en el que reequilibrar mente, cuerpo y alma. Para ello, además de la espiritualidad y el silencio del entorno, cuenta con el ‘Como Shambhala Retreat’, que más que un spa al uso propone combinar terapias holísticas de inspiración asiática, como la medicina ayurvédica, con un diagnóstico personalizado para mejorar los hábitos de vida de cada huésped, una cocina orgánica con la que maximizar la energía y el bienestar o un pabellón de yoga al aire libre en el que instructores de renombre internacional acuden en ocasiones a impartir semanas completas de terapia.
Gastronomía
La gastronomía de Bután es difícil para el paladar europeo. Se utilizan mucho los chiles picantes, así como la carne de yak y cerdo, acompañando casi cualquier plato con arroz. El plato nacional es el ema datse, con brotes de chile en salsa de queso. Otras especialidades son el phagshaphu, de tiras de grasa desecada de cerdo en un guiso de nabos o rábanos y chiles; el gondomaru, huevos revueltos cocinados en mantequilla; el bjashamaru, un guiso de pollo en salsa de mantequilla y ajo; o el sicum paa de cerdo desecado con chiles. Las mejores experiencias gastronómicas pueden encontrarse en sus hoteles de lujo, como el Uma Paro o el Amankora, ambos en Paro, o el Taj Tashi de Thimphu.





