El clima en Francia.

Si bien se puede decir que Francia se encuentra en una zona templada, en realidad nos encontramos con un clima variado.
El área costera del sureste tiene un clima mediterráneo, gozando así de veranos muy calurosos e inviernos suaves y cortos. En el interior nos encontramos con un clima continental, lo que implica inviernos largos y fríos y veranos de altas temperaturas.
Clima calido Francia
En el litoral atlántico el clima se suaviza gracias a las corrientes oceánicas y los vientos que llegan dominando desde el suroeste. Las temperaturas medias por ciudad son:
- En París en el mes de enero es invierno, por lo tanto la temperatura llega a 3,2 ºC y de 19,5 ºC en veranos en julio.
- Estrasburgo, puede llegar a bajo cero en los meses de invierno, sobre todo en enero llega a 0,8 ºC y en julio de 19,1 ºC.
- En Niza el clima no llega a ser muy fuerte pues en invierno la media es de 8,3 ºC, generalmente en enero y de 22,4 ºC en julio.
- Lyon, es de 2 ºC en enero y de 21 ºC en julio.
La Torre Eiffel, de aniversario.

La Torre Eiffel, el icono por excelencia de la ciudad más visitada del mundo, será la pantalla hasta fin de año se proyecte una composición ondulante de colores, para terminar de celebrar los 120 años de historia del célebre monumento.
Cada noche, cada hora punta desde las 8 hasta las 11 de París, 400 proyectores de diodos emisores de luz (LED) lanzarán toda su carga lumínica en movimiento sobre los metálicos 325 metros de altura de la torre.
Los proyectores, de última tecnología, conseguirán un efecto óptico conocido como estroboscópico que jugará con las luces y sombras sobre el contorno del monumento.
El espectáculo, que dura doce minutos y ha sido diseñado por Bernard Schmitt y Jacques Rouveyrollis, rememorará los dos años de construcción de la Torre, erigida con motivo de la Exposición Universal de 1889 gracias al arquitecto Gustave Eiffel.
Vendimia de lujo en Champagne

La temporada más apasionante del año calienta motores en la región francesa. Además de visitar sus famosas bodegas, si te animas puedes incluso participar por unas horas en la recogida de la uva.
La vendimia en Champagne está prevista este año hacia mediados de septiembre, aunque las fechas exactas sólo se decidirán en el último momento para asegurarse que la viña está en su punto óptimo. En apenas diez días se habrán recogido rigurosamente a mano todas las uvas de la región.
Sus carreteritas secundarias se pringarán entonces de los regueros de zumo que rebosa del vaivén de camiones que día y noche llevan los racimos recién cortados a prensar a las bodegas. En éstas la actividad es frenética, con gentes de media Europa llegadas para trabajar a destajo bajo un estricto control de calidad y volviendo a poner en marcha, un año más, el riguroso proceso que ya definiera Dom Pérignon, que aprendió a seleccionar las mejores parcelas y cepas y hasta reorganizó el trabajo durante la vendimia para asegurar que el líquido final fuera totalmente pálido aun procediendo en gran medida de uvas tintas.
Todas las grandes abren al público en visitas de lo más organizadas con degustación final. No habrá que perderse en Reims los espectaculares sótanos abovedados en los que maduran los caldos de Ruinart , los 25 kilómetros de galerías forradas de botellas de Mumm y los 18 de Pommery, además de otras grandes casas como Piper-Heidsieck, Taittinger o Veuve Clicquot Ponsardin. O, a lo largo de la Avenue du Champagne de la villa de Épernay, los cientos de kilómetros de galerías subterráneas en las que reposan millones de botellas de Mercier, Castellane o esas de Moët & Chandon que Napoleón en persona venía a recoger de camino a sus batallas para consumirlas, al parecer, antes, durante y después de la contienda.
Pero si lo tuyo más que participar en una visita guiada es meterte de lleno en faena, durante estos días podrás en infinidad de lugares convertirte en vendimiadora por un día. La aristocrática maison Drappier es una de las que ofrece a sus visitantes la experiencia de participar mano a mano con los vendimiadores en la recogida de la uva, comer con ellos en los campos y ponerle la guinda al jornada con una visita a sus bodegas y una cata de sus vinos, que apasionaban al mismísimo De Gaulle.
Bora Bora la Perla de la Polinesia

La temperatura ronda los 81 grados Fahrenheit. La travesía se da desde Vaitape, uno de los poblados más importantes de Bora Bora.
En esta isla del Pacífico viven cerca de 9 mil personas, quienes cuentan con una escuela superior, un supermercado y un restaurante chino. Hay una sola iglesia católica y cinco salones cristianos de reunión donde, entre otras actividades, velan a los muertos que luego cada quien sepulta en el patio de su casa. No hay cementerio. Tampoco universidades, así que el 80% de la población labora en la industria turística y desarrolla una evidente vocación de servicio.
Cada semana llegan barcos de la hermana isla Tahití con provisiones, muchas de ellas traídas de Francia o Australia. No hay animales salvajes.
Allí aman el corned beef, la leche de coco y el panapén. Bora Bora cuenta con 17 hoteles, pero entre todos destaca el que lleva su mismo nombre. Es el más antiguo y hace dos años está cerrado por remodelación. Elegir un hotel aquí es clave en la experiencia que se quiera propiciar. Hay varios tipos de alojamiento, pero el que más llama la atención son las habitaciones tipo bungalow, piezas tradicionales de la arquitectura polinesia que suelen estar construidas sobre las cristalinas aguas. Uno de los mayores placeres que identifican los turistas es levantarse y tomar el desayuno en la terraza de estos bungalow.
En las hospederías se sirve todo tipo de platos de la cocina internacional, aunque predominan el pescado y los mariscos, sobre todo la langosta. Un plato muy típico es la tamaraa, hecho con carne y pescado envuelto en hoja de plátano y cocinado sobre piedras calientes. El coco es la base para la variedad de postres y bebidas.
Bora Bora es conocida como la Perla de la Polinesia, además de por su belleza, por lo accesible que está al público esta famosa pieza de joyería.
Darle la vuelta a la isla por el camino que bordea la costa toma 30 minutos.
Ruta de la champaña

Champagne se encuentra al este de París, desde donde bastan pocas horas para llegar a Reims, la capital regional.
Los viñedos comparten una prolijidad tal que visto desde lejos el paisaje parece a veces artificial. Las rutas se deslizan plácidamente entre tierras rayadas como las líneas de un cuaderno verde, sólo interrumpidas por las señales que indican cada parcela.
Muchos llevan el nombre de reconocidas casas productoras; no sólo cuando son las dueñas de los terrenos, sino también cuando las arriendan a sus propietarios para explotar las vides y abastecerse de uvas. En las mejores tierras de Champagne, una hectárea de viñedo se puede cotizar hasta un millón de euros, y pasa de generación en generación en las mismas familias como un tesoro.
El viñedo está clasificado según la calidad de las uvas que se cosechan en cada pueblo. En francés estas zonas se llaman crus .
François Hautekeur, enólogo de la casa Veuve Clicquot, cuenta: “El secreto de cada enólogo reside en el maridaje entre vinos de los distintos crus y las cosechas de distintos años y cepajes. Cada uno tiene sus preferencias y composiciones, pero el objetivo es el mismo: lograr el mejor champagne”.
Este nivel de profesionalismo no existía en la época de Dom Pérignon, que realizaba sus pruebas de manera empírica. El champagne se fabrica con una primera fermentación alcohólica; luego se procede a los maridajes de cepas, terruños y cosechas. Sigue el proceso con una segunda fermentación en botella para luego descansar en subsuelos.
Más información:
www.franceguide.com
www.tourisme-champagne-ardenne.com





