Bendición de animales en Taxco

En cualquier fiesta es común observar trajes, corbatas, vestidos y disfraces, sin embargo, cuando los invitados especiales de la celebración forman parte del reino animal, todo se convierte en una extraña pero divertida experiencia.
La extraña cita es en la iglesia de Santa Prisca, que por sí misma es ya un regalo a la vista. Situada en el estado de Guerrero, a 62 kilómetros de Cuernavaca, Morelos; y a 35 kilómetros de Iguala, Guerrero, esta edificación, construida durante la segunda mitad del siglo XVIII, es considerada uno de los ejemplos más hermosos del barroco mexicano. Y es precisamente en el atrio de este templo donde, desde hace 15 años, cada 17 de enero se celebra el día de San Antonio Abad, protector de los animales. Según la tradición, se puede llevar toda clase de animal, doméstico o de granja, junto a las rejas de la iglesia para recibir la bendición. Pero, actualmente, esto va más allá.
Un traje gris a rayas, corbata azul y una guitarra rotulada con el nombre de una canción llamada Lupita, es un atuendo difícil de apreciar cuando es una paloma quien lo porta. Y aunque a la distancia parece estar disecada, de pronto, el ave gira el cuello y con un cerrar de ojos, desmiente a los incrédulos. Es ahí cuando la dueña, orgullosa, enciende el interruptor del pequeño instrumento que hace sonar la melodía. Un perro alado, simulando un ángel, y su contraparte es en un verdugo canino, encapuchado y vestido de negro. Un par de gallinas con el típico traje jarocho y hasta un par de pollitos con su puesto de quesadillas revelan que la creatividad no tiene límites. ¡Nuestros ojos no creían lo que veían! Mientras la gente intenta llegar a la entrada de la iglesia para observar de cerca la bendición a los animales, el sacerdote rezaba, rociando el agua bendita, que los asistentes trataban de alcanzar entre ladridos, graznidos y uno que otro cacarear.
¡Disfrace a su animal!
Con el fin de preservar esta tradición, cada año se organiza un concurso que se lleva acabo dentro del marco de la festividad religiosa. Éste transcurre en la Plaza Borda, gracias al apoyo del Centro Cultural Taxco. Y si bien es cierto que la costumbre se ha ido perdiendo con el paso del tiempo, también es cierto que la competencia de los animales disfrazados ha impedido su olvido.
Se lleva a cabo en el quiosco de la plaza. Uno a uno desfilan los asistentes quienes exhiben a sus animales, tratando de sorprender al jurado. Entre aplausos y fotografías, el pueblo de Taxco escoge el disfraz de mayor ingenio y originalidad. Los animales suelen representar y caricaturizar a personajes célebres u oficios propios del hombre. Es así que llegan a verse pájaros charros, gatos mineros, gallos piratas…
Pero la fiesta no acabó ahí. Y es que este festejo es el preámbulo del festival de Santa Prisca, que se realiza al siguiente día. Cada 18 de enero la celebración inicia desde temprano con grupos que amenizan durante el día, mientras los fuegos artificiales pintan la noche.
Habrá que esperar un mes para presenciar esta original fiesta, pero más vale ir planeando la visita con tiempo y aprovechar conocer todo Taxco y sus alrededores.
En otras partes del mundo…
Como sucede con algunas fechas religiosas, esta celebración también se realiza en otros países. A lo largo de distintos puntos de la región valenciana, en España, San Antón, es el nombre coloquial que recibe San Antonio Abad. Y al igual que en México, los animales son parte fundamental en su festejo. En Chile se venera, durante el mes de octubre, a San Francisco de Asís, que de igual forma funge como el protector de la naturaleza y los animales.
Feria Nacional de la Plata en Taxco, Guerrero 2010

Taxco de Alarcón, venta inagotable de plata de más de 500 años, celebrará este próximo 27 de noviembre su edición 73 de la Feria Nacional de la Plata, en donde expondrán diversos plateros sus obras para ser exhibidas al público en general, que atento podrá apreciar y ¿por qué no, comprar?, en los diversos talleres de orfebrería.
Los artesanos de Taxco a través de los años han logrado contribuir al desarrollo y esplendor de la artesanía mexicana contemporánea, desde el nacimiento del primer taller organizado de platería Las Delicias, allá en el año de 1931, encabezado por Mr. William Spratling, hasta lograr consolidar así un movimiento artístico de plateros, que ubica a esta ciudad como punta de lanza en la innovación y la industrialización de este metal precioso a nivel nacional y que trasciende a nivel mundial como los artistas cuya sensibilidad se nota en cada pieza.
A partir de los años treinta del siglo pasado, los maestros artesanos del antiguo Real de Minas son una muestra viviente y fértil del renacimiento y consolidación de la tradición platera nacional, al incorporar la simbología prehispánica en los diseños contemporáneos.
Debido al éxito del taller Las Delicias, William Spratling decidió organizar un pequeño festín para conmemorar la fundación de su taller de platería y desde entonces año con año se realiza para transformarse más adelante como el Día del Platero y años más tarde se consumaría como la Feria Nacional de la Plata.
Esta celebración se ha convertido en toda una gran tradición, porque además de premiar la obra triunfadora con una medalla de oro, un diploma y dinero en efectivo, se presentan los mejores exponentes del medio artístico nacional y el extranjero, por lo que le aconsejo ampliamente la visita a esta hermosa ciudad y, por supuesto, a la feria.
También en Tlashco, que en lengua náhuatl significa “lugar donde se juega a la pelota”, encontrará diferentes atractivos, como el Templo de Santa Prisca, que es un monumento colonial construido entre los años de 1750 y 1760, dedicado al culto católico; este edificio fue ordenado y financiado por José de la Borda, minero catalán sumamente rico.
Otros atractivos turísticos que debe visitar es el Museo de Spratling, con su magnífica colección de piezas prehispánicas; además no se pierda la Casa Humboldt, que alberga al Museo de Arte Virreinal, para que luego conozca el Museo de la Platería, junto con su colorido mercado.
Por otra parte, usted tendrá la oportunidad de contemplar una vista espectacular desde las alturas a través del teleférico, ubicado en el Hotel Monte Taxco; otra belleza natural digna de visitar es la Cascada de Carcalotengo, con una caída de 80 metros para formar en la parte inferior una pocita de agua que da origen a un río que serpentea y se interna en un tupido bosque. Esto y mucho más disfrutará durante su viaje a Taxco de Alarcón.
Razones por hospedarse en el hotel Las Brisas, Acapulco.

Por esta imagen de postal y nueve razones más (casi todas involucradas con la comida), cualquiera (con pareja) volvería a este rinconcito empotrado en un cerro. Alguien tuvo razón: si no vas enamorado, seguro aquí te enamoras porque te enamoras.
- El servicio. Desde los años 60, estrellas de cine, personajes de la política y de la alta alcurnia de todo el mundo elegían Las Brisas como destino de su vacación. Una de las razones fue la calidad en el servicio de sus empleados. Afortunadamente su esencia se ha conservado. Las parejas permanecen en sus habitaciones casi todo el tiempo. El mesero y la camarista tocan el timbre y piden permiso para entrar, incluido el que limpia la alberca todos los días. Están ahí sin hacerse notar. Son expertos en el arte de la amabilidad y la discreción.
- Room service. En este hotel con forma de fuerte, con caminos empinados, no hay otra manera más práctica de llegar a las casitas que en los famosos jeeps rosas y blancos. Ya es tradición que el mesero suba con una mano sosteniendo la charola y la otra en el volante. Llega hasta la alberca, sin que uno se moleste en abrir, con la jarra de margarita o de clamato. (Se sugiere pedir este último con un poco más de condimentos).
- Cena para dos. El mesero monta la mesa en la terraza, enciende las velas, prende las antorchas y ordena la vajilla. El menú gourmet de tres tiempos incluye una botella de vino nacional: ¿cola de langosta o steak a la pimienta? Precio por pareja: 2 mil 995 pesos.
- La paella. En su punto, auténtica y jugosa, con un toque de picante al gusto y finos trozos de carnes y mariscos, acompañada de una cerveza helada. Casi rozando la superficie del mar, bajo la palapa del restaurante La Concha del club de playa presta atención: de repente aparecen los pescadores de ostras y una que otra tortuga marina. Espera el jeep en el lobby. Salidas continuas. El club se encuentra a siete minutos del hotel, colina abajo.
- Pan y café. Todas las mañanas, como a eso de las nueve, envían a las casitas un desayuno continental que incluye un termo de café, pan dulce, mermelada y fruta fresca. Es el preludio a la gula de todo el día.
- La otra cena romántica. En el restaurante Bellavista. Ambiente semiformal. Sugerimos el área de la terraza con vista a la bahía. Lo mejor es la langosta y el sublime flan de mole, del que es imposible obtener la receta del chef.
- La cama de día y la alberca. No es un jacuzzi ni intento de piscina, en verdad es una alberca. Algunas suites cuentan con otras más extensas y semiabiertas. La cama de día es el refugio de una pareja adormilada o de quienes no gustan dejarse alcanzar por los rayos de sol.
- La decoración. Retro y contemporánea. Toda la propiedad está remodelada. Conserva sus detalles en piedra, su arquitectura de líneas simples y el aire acapulqueño de lujo a la Mauricio Garcés. Siempre será fiel al rosa, eso que ni qué. Lo criticable: por más enamorado que se esté, me siguen pareciendo cursis y oldies los petalitos regados en la cama y la toalla en forma de corazón.
- Los baños. Mención aparte. El área de la regadera está recubierta de piedra. El agua simula una lluvia relajante sobre espalda y hombros que suplican un masaje amoroso (y terapéutico en el spa). De techo tiene un tragaluz. Hay suites con ventanales, también con vista al mar, y acceso a la terraza. Es la última noche en Acapulco. Ahora la luna hace del mar una plata líquida. Vuelvo a tener cuatro años. Busco conchitas en la playa de Barra Vieja. Ahí está la abuela que vuelve de viaje a mecerme de nuevo en la hamaca.
Snooba, fusión entre esnórquel y buceo

Snooba es una fusión entre esnórquel y buceo: llevas máscara, aletas, traje de neopreno y un regulador de oxígeno, pero no es necesario cargar con los tanques, ya que el instructor te proporciona el aire con una manguera.
Dominar el equipo lleva su tiempo, así que lo primero es tomar una clase de inducción en una alberca, para después adentrarse al mar e ir a buscar peces al arrecife de coral, donde se refugian todas las especies jóvenes. Durante esta etapa es más fuerte su color.
La playa El Palmar en Ixtapa – Zihuatanejo es el escenario para practicar el snooba. Dejas la orilla y te adentras de de espalda al mar para no tropezar con las aletas. Cuando ya no se toca fondo entonces hay que sumergir el cuerpo o empezar a flotar hasta que se venza el miedo y se calmen los nervios.
Poco a poco, sin soltar la mano del instructor, se va metiendo la cabeza. La manguera sigue liberando oxígeno. Es momento de soltarse y empezar a nadar hasta alcanzar una profundidad de cinco metros, esa es la longitud del regulador de aire. Es mejor cargar bien los pulmones para no agotarse las reservas y tener que salir del mar antes de la media hora que dura la expedición.
La primera fase del arrecife es artificial, ya que pertenece a un proyecto de conservación ambiental. Lo habitan cangrejos, tortugas, pulpos y camarones, todos jóvenes.
Se avanza un poco más hasta llegar al arrecife natural que de noviembre a febrero se pueden ver ballenas jorobadas, según cuenta Frederic. De hecho ya sea ha tenido el primer avistamiento en esta semana, también el de matarrayas de metro y medio de longitud.
Lo que pasa dentro y fuera del mar se graba y se retrata. Después de estar 40 minutos bajo el agua llega el momento de salir. Ninguna embarcación te lleva de nuevo a la orilla, se debe bracear y patalear hasta llegar a la playa.
Mientras se retira el equipo de snooba el staff reparte las fotografías y el video de la experiencia.
Frederic prefiere dar estos obsequios como souvenir en vez de que el turista se lleve un pedazo de coral o alguna concha marina.
Plaza Juan Nepomuceno Alvarez, en el Corazón de Acapulco

Un lugar emblemático del bello puerto de Acapulco es el zócalo o plaza principal, de nombre Juan Nepomuceno Alvarez, situada en la Avenida Miguel Alemán, frente al malecón, en la zona centro de la ciudad porteña, de hecho pudiésemos decir que aquí está el “viejo Aca…”, que ha sido testigo mudo de la evolución de la ciudad; durante este paseo, además de tener la oportunidad de conocer un poco de historia del centro histórico, podrá disfrutar de una rica taza de café en las diversas cafeterías al aire libre, una paleta en la heladería o simplemente sentarse al pie de un árbol y a la sombra de su follaje, para contemplar el andar gracioso de las aves que atestan los pasillos, arremolinándose por diversas zonas del parque para comer las migajas de pan que les arroja la gente.
Desde la tranquilidad de la atmósfera que rodea el sitio, al fondo podrá observar la bella Catedral de Nuestra Señora de la Soledad, sede principal de la Arquidiócesis de Acapulco desde 1958; el edificio consta de tres cuerpos, destacando el central con tres nichos redondos que alberga a tres santos; combina arquitectónicamente estilos diversos que se amalgamaron durante y después de la construcción, aquí se pueden admirar detalles de la arquitectura neocolonial, así como el estilo morisco y bizantino, este último sobresaliendo en la cúpula y las torres -muy bonito por cierto-; en el interior de la iglesia, la decoración está compuesta por miles de azulejos y mosaicos dorados con un azul turquesa sumamente intenso, muy interesante a la vista del paseante. Sin embargo, este edificio tiene su antecedente en el año de 1555, cuando se construye la primera parroquia, ¡imagínese la antigüedad del lugar y las historias que hay que conocer!
La plaza lleva el nombre de Juan N. Alvarez Hurtado, fiero comandante durante la Revolución de Ayutla en 1854 y un año después sería presidente de México; esta plaza posee un kiosco con vista a la costera, junto con cinco fuentes estilo colonial que adornan de forma simétrica el lugar, a un lado de la catedral podrá observar un monumento dedicado al personaje que da nombre a este sitio.
Durante el virreinato el lugar fue conocido como Plaza de Armas de la ciudad, costumbre de las principales plazas de la Nueva España, en esta época fue invadida en diversas ocasiones por la entrada del mar; sin embargo, quizá una de las tragedias que calaron hondo en la memoria colectiva de la población, fueron aquellas inundaciones ocurridas el 30 de agosto de 1754, dejando cientos de heridos y decenas de muertos.
Otra tragedia de la cual se tiene memoria, fue la sucedida el 14 de abril de 1907, un terremoto de 7.9 grados en la escala de Richter sacudió a la población, que temerosa de que sus viviendas se desplomaran, se reubicó en la plazoleta, pero durante la madrugada del 15 de abril, sin imaginarse, horas más tarde llegaría un terrible tsunami, que penetró la plaza, sembrando muerte y desolación; dicen que hubo cientos de fallecidos y otros tantos desaparecidos.
Ya en tiempos modernos, exactamente el 16 de diciembre de 1978, la Plaza Alvarez fue sometida a una intensa remodelación, que se amplió en su extremo adyacente a la costera Miguel Alemán y le fue incorporado un kiosco de estilo colonial, como lo muestra la foto publicada en esta página. Hoy domina el orden y la modernización en el comercio, destacando las tiendas de artesanías, en donde encontrará de todo, a buenos precios y para todos los gustos.
Por lo pronto me despido de ustedes, deseando que disfruten de este fin de semana y recordándoles que Acapulco no sólo es playa.





