
En el extremo sur de la provincia, allá donde el mapa se hace finito y se estrecha junto al mar, no espere encontrar los chanchos salvajes que insinúa el nombre de esta isla de 15 km de largo por 6 de ancho.
No, aquí lo que abundan son los tiburones en todas sus variedades: pinta roja, bacota y escalandrún (los hay de 130 kilos y 2.50 metros de largo), martillo, cazón grande y gatopardo.
Gracias a su forma de pozo y a una corriente cálida de Brasil, junto a las costas de la bahía de San Blas -dentro de la isla- también nadan corvinas, lenguados, róbalos, brótolas y congrios, entre otras especies de peces. El llamado Paraíso del Pescador es también un lugar poblado de misterios, historias de corsarios y leyendas de tesoros escondidos.
Pero no son pocos los que lo eligen para bañarse en sus playas de aguas cálidas, toda una curiosidad en medio de la estepa patagónica.