Habla tailandés durante tu viaje

comerciante

Si quiere impresionar a los tailandeses y conocer más de cerca sobre está cultura tan exótica y a su gente, intente hablar un poco en tailandés. Son muy pocos los ‘farang’ (extranjeros) que lo hablan, y de seguro que sorprenderán con tan sólo decir algunas palabras.

Al principio será muy difícil por su pronunciación nasal, pero no se desanime. Una vez comience a escuchar a los tailandeses hablar, podrá pronunciarlo sin problemas.

Las frases en tailandés tienes la terminación “krab” para los hombres, y “ka” para las mujeres, al usar esta forma usted será más cortés en su conversación con los tailandeses.

  • Hola = sa-wat-dee-ka (expresión femenina), sa-wat-dee-krab (expresión masculina)
  • Adiós = lar-korn (ka/krab)
  • = chai (ka/krab)
  • No = mai chai (ka/krab)
  • Por favor = ka-ru-na…(al pedir algo) / chuay…(para pedir que nos hagan algo)
  • De nada o No hay problema = mai-pen-rai (ka/krab) o yin-dee (ka/krab)
  • ¿Dónde está? = .. yoo tee nhai (ka/krab)
  • ¿Cuánto cuesta? = tao-rai (ka/krab)
  • 1=neung, 2=somg, 3=sarm, 4=see, 5=har, 6=hok, 7=jed, 8=paed, 9=kao, 10=sib
  • Está caro/a = mun-paeng (ka/krab)
  • ¿Podrá rebajar el precio? = khun-chuay-lod-ra-ka-eek-dai-mai (ka/krab)
  • ¿Podría ver? = duu-dai-mai (ka/krab)
  • Me lo llevo = aao-suu-an-nee (ka/krab)
  • Muchas gracias = khob-kun-mak (ka/krab)

Chiang Mai

tailandia

Es la segunda ciudad más grande de Tailandia y queda en la parte montañosa del país. Mientras esté en Chiang Mai no debe dejar de visitar el Chiang Mai Night Bazaar, una de las mayores atracciones turísticas de esta montañosa ciudad.

Allí puede conseguir artículos y artesanías de todas las regiones de Tailandia, así como otros de marca que pueden ser originales o imitaciones, así que verifique bien antes de hacer sus compras, pero sepa que puede conseguir de todo, desde ropa, alimentos, joyas, calzado, antigüedades, muebles, telas (textiles), cerámica, todo a buenos precios, y si es todo un experto del arte de regatear, aquí podrá hacer gala de sus destrezas.

No comience a comprar inmediatamente, vea, compare y decida, porque hay muchos puestos que ofrecen la misma mercancía, pero con diferentes precios. Definitivamente, el mejor lugar para hacer sus compras: los ‘night markets’.

Y si piensa que la noche es aún joven, le recomiendo visitar el Night Safari, o si prefiere ir por los masajes, después de estar en el festival del agua.

Mongolia.

Es el último país nómada de Asia y quizá también el último donde se pueden recorrer más de mil kilómetros sin encontrar un televisor. Tampoco es fácil, fuera de la capital, Ulan Bator, ver un poste de teléfono, un edificio de ladrillos o el cable de la luz. Sólo un paisaje de suaves colinas onduladas, el desierto, un cielo intenso, blancas tiendas de campaña o yurtas dispersas por los valles, y caballos, muchos caballos.

Son el vehículo de los pueblos nómadas, que suman casi la mitad de la población de Mongolia. El caballo mongol, el último del planeta en estado salvaje, es un símbolo en esta tierra, conocida como la de los hombres con patas de caballo.

Hasta 250 palabras existen allí para llamar a este ancestral animal de morro pronunciado y frente amplia, que aparecía en las pinturas rupestres europeas. A los lomos de los caballos, los clanes familiares trasladan su ganado en busca de pastos frescos. En uno de estos clanes nació Gengis Khan, «el príncipe de todos los hombres», al menos todos los de Mongolia, porque su recuerdo es venerado por todo el territorio.

Chinggis Jan, como lo llaman allí, unió, hace ocho siglos, a todos los pueblos mongoles y los lanzó a la conquista de un imperio que no ha conocido rival: desde las costas de China hasta las puertas de Europa. Su memoria, como su tumba y sus tesoros, se perdió durante siglos. Aún no hay rastro del tesoro, pero sí del famoso guerrero, que tras el dominio soviético ha vuelto a erigirse en héroe nacional. Hay cerveza chinggis, vodka chinggis y toda clase de objetos chinggis. Y raro será el recién nacido que no reciba el nombre de Chinggis.

Revivir las lejanas hazañas de su héroe ahora no es difícil en un país que parece suspendido en el tiempo. Sólo la flota de vehículos todoterreno que ofrecen exclusivos viajes para recorrer Mongolia a lo nómada recuerda que estamos en el siglo XXI. Aquí se alterna caballo con vehículo motorizado, porque el sufrido cabalgar a lomos de este animal es sólo apto para nativos. Hay campamentos de yurtas estables junto a las ruinas de Karakorum, en el valle del Terelj, en el Gobi, y cerca de las cascadas del río Orjón. También las yurtas habitadas por los nómadas están abiertas a los forasteros. Los lugareños no hacen preguntas a los visitantes. Les ofrecen airak, leche fermentada de yegua, mantequilla salada y yogur seco. Son bienvenidos, aunque les extraña que no sepan montar a caballo, el animal que guarda los secretos de esta tierra y de sus gentes.

A mediados de julio los mongoles celebran su festival de verano, el Naadam, que reúne a todos los pueblos mongoles para competir: lucha, carreras de caballos, tiro con arco. Son días para llevar el traje típico, el deel, beber airak, o su destilado más potente, el arkhi, y escuchar las voces del khoomi, el canto mongol, que evoca el sonido de los ríos, las montañas y el galope del caballo.

Estambul, mezcla de dos culturas

Estambul es la única cuidad del mundo que está situada entre dos continentes, Asía y Europa. A lo largo de historia fue conocida como Bizancio, Constantinopla y Estambul. Fue la capital de dos imperios gigantes, romano-bizancio y otomano. Aunque en la actualidad es la capital de Turquía es Ankara, Estambul con másde 12 millones de habitantes es la ciudad más grande y tiene un papel central en la industria, el comercio, la cultura de Turquía.

Estambul atra a los visitantes no sólo por su historia y sus monumentos, sino también por su forma de vida y la idiosincrasia de su gente. En sus calle se levantan majestuosas sus mezquitas y palacios y dan cuenta de su pasado glorioso, que hoy se mezcla con la cultura modernista.

Alrededor de Santa Sofía y del Palacio de Topkapi, se han restaurado varias casas de madera de los siglos XVIII y XIX y ahora son hotelitos con encanto, restaurantes, cafés y tiendas. Cerca de las murallas marítimas está resurgiendo una nueva ciudad que recupera lo mejor del pasado. Estambul es uno de esos lugares que se puede visitar en cualquier momento del año, en otoño, además, hay menos turistas, no hace calor y la luz ofrece tonalidades tornasoladas que transforman la ciudad en algo aún más extraordinario.

Lugares para visitar en Estambul

Palacio de Topkapi, donde la visita completa cuesta 26 euros. Si quieres ahorrarte algo, deja el harem y las habitaciones privadas (9 euros), donde siempre hay cola, ya que sólo se admite 20 personas cada media hora.

Museo de Santa Sofía todavía tiene andamios en su interior pero es uno de los edificios más perfectos jamás realizados. La entrada completa cuesta 17 euros. Te puedes ahorrar los mosaicos y las galerías, pero vale la pena.

Pero no te puedes ir de la zona sin ver el bosque de columnas de las cisternas imperiales , ahora iluminadas de una forma espectacular. Fueron construídas pr los romanos par almacenar agua de la ciudad. Al final del paseo, hay dos rostros de Medusa volteados.

Mezquita Azul, que está situada frente al Museo de Santa Sofía, ambos separados por un hermoso espacio ajardinado. Su magnífico exterior no le hace sombra a su suntuoso interior, e el que una verdadera sinfonía de mosaicos azules de Izmir dan a esta espacio una atmósfera de recogimiento capaz de envolver a sus visitantes.

Museo Arqueológico (4 euros), con fondos comparables a los del Louvre o el British Museum.

Puerta Otomana de la Universidad de Estambul. Fundada en 1773 por el sultán Mustafá III y destinada a la formación de cartógrafos. Esta casa de altos estudios es considerada la primera en el mundo especializada en ingeniería.

Estambul sigue siendo un paraíso para las compras. El Gran Bazar ha perdido cierto encanto al estar excesivamente organizado y limpio, pero no deja de ser el mercado cubierto más grande del mundo y está lleno de verdaderas maravillas que tienes que saber cómo encontrar. Casi todos los mercaderes hablan español y no te extrañe que te llamen Carmen o Manolo, es su forma de intentar acercarse.

Foto Cisternas: Microsiervos

Tailandia un fascinante destino

Para poder completar nuestro post acerca de Tailandia, traemos algunos destinos obligados de ese mágico lugar.

ruinas.jpg Las Ruinas de Sukhothai
Tal vez la lejanía de Bangkok (450 kilómetros) preste especial encanto a Sukhothai. El parque histórico de Kamphaeng Phet, también incluido en la lista de patrimonio de la Unesco, alberga los vestigios de la primera capital tailandesa, una ciudad trapezoidal que descansa sobre el río Ping. Las ruinas se recorren en coches eléctricos. Entre la fronda se elevan los majestuosos restos de templos como el Wat Singha o Wat Phra Kaew, con sus ingenuos budas sentados. Lo ideal es realizar algún tramo de la visita en solitario; por ejemplo, para contemplar con tranquilidad Wat Phra Si Iriyabot -con sus cuatro budas en distintas posturas: reclinado, caminando, de pie y sentado- o para quedarse pasmado frente a Wat Chang Rob, un impresionante templo con paredes adornadas por 68 figuras de elefantes.

Um Yom, visita a una tribu

El turismo étnico en Tailandia tiene solera, y, consecuentemente, no queda nada virgen. Si no fuera por los visitantes, los nativos vestirían a la manera occidental (algunos ya lo hacen). Pero el turismo es, junto a la agricultura, su forma de ganarse la vida (antes lo era el cultivo de opio). Las tribus al norte de Tailandia tienen origen birmano o chino (meo, karen, miren, akha, lisú…). Los viajeros pueden elegir entre visitar el poblado durante unas horas o quedarse dos o tres días en la jungla (pasar la noche en una choza cuesta unos cuatro o cinco euros). Un guía, miembro de la tribu, les acompaña en todo momento y explica en perfecto inglés lo que desean saber sobre las costumbres ancestrales. Visitamos la tribu lahu, en Um Yom, un poblado entre la bruma perpetua cerca de la frontera con Birmania. Los lahu se reúnen en torno a un ruedo de madera, donde se supone que el consejo de la tribu toma sus grandes decisiones. Los turistas pueden asistir a estas ceremonias, y, al término de la visita, los guías sugieren que se dejen unas monedas a los habitantes.
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