Santiago de Anaya, Hidalgo, para un paladar extremo.

En Santiago de Anaya abundan los negocios, desde que agarras la carretera que lleva a Ciudad Sahagún, cada kilómetro se ha de encontrar puestos que venden gorditas de maíz, pero por la forma, parecen más tlacoyos. El relleno es algo especial.

Hay de hongos, gualumbos, quelites, quintoniles, hongo zeta, pero yo quiero el que tiene jitomate picado, cebolla, chile y escamoles, es la especialidad.

Puedes acompañarla con  salsa de xoconostle, dulce pero muy picante. Al menos los escamoles parecen granitos de elote.

Puedes perdin una orden de chapulines y de shagües fritos. En montón no tienen buen aspecto. Tomo el shagüe, de tamaño asquerosamente grande, que mas bien parece chicharrón. Ahora los chapulines, sin sal y sin limón como se acostumbran.

No se puede dejar de hacer esta parada carretera, para almorzar o comer, en el puesto que sea, todos son recomendables. El consumo por persona no rebasa los 100 pesos, incluyendo cerveza o refresco.

Recolectar escamoles tiene su chiste, quizá por eso su precio es elevado. Se venden por litro (hasta mil pesos) y también por kilo (desde 500 pesos).

En marzo y abril hombres y mujeres se van al monte, justo al amanecer para recolectarlos. Los que se encuentran después de estos meses se han tenido que congelar, pero aún así siguen siendo lo que llaman trilladamente el caviar mexicano.