Juegos de Braemar

Nadie diría que los Juegos de Braemar llegaran a ser tan aristocráticos ateniéndose al tipo de deportes que los presiden: lanzamientos de troncos o martillos, un tira y afloja por equipos de cada extremo de una cuerda, y otra buena ristra de pruebas no aptas para cualquiera que no sea un forzudo ataviado en falda escocesa. Sin embargo, la presencia un año sí y el otro también de algún miembro de la Familia Real Británica corrobora el evento como uno de los más elitistas del verano en Escocia.

Desde mayo hasta septiembre, por infinidad de esquinas de la región puede asistirse a este tipo de torneos denominados Highland Games. Algunos son a pequeña escala, de lo más rural y auténtico, y otros son un espectáculo en toda regla, aunque ninguno comparable a los que, cada primer sábado de septiembre, se celebran en Braemar.

A lo largo de todo el día 4, desde aproximadamente las 9 de la mañana hasta la hora del té, se irán sucediendo las pruebas deportivas, los concursos de danzas y las bandas de gaitas, mientras el público general disfruta a su alrededor de un divertido día de campo y los más afortunados, en traje de gala, se reservan las carpas más elitistas para aplaudir a los campeones con una copa de champán en la mano o, mejor aún, con alguno de los excepcionales whiskys de malta que da la tierra.

El origen de estos torneos se remonta al sistema de clanes de la Escocia medieval. Los jefes de cada uno –identificables por los colores y estampados de sus kilts y sus tartanes– azuzaban a sus hombres a prepararse para la batalla practicando estos alardes de fuerza, resistencia y, aunque quizá no lo parezca, también mucha destreza. Ya en aquellos días se hacían acompañar por músicos y bailarinas, de ahí que los auténticos ejércitos de gaiteros que desfilan elegantemente uniformados, así como los increíbles saltos de los danzarines de céilidh, sigan siendo hoy parte indisociable de los Juegos.

Desde que en 1848 la reina Victoria se desplazara desde su castillo de Balmoral hasta Braemar para asistir por primera vez al torneo, cada año al menos un miembro de la familia real británica acude a apoyar esta tradición tan arraigadamente escocesa como los castillos con fantasma y hasta el mismísimo monstruo del lago Ness.

Cómo llegar
Braemar se encuentra a unos 80 kilómetros de la ciudad escocesa de Aberdeen, y a unos 150 de Edimburgo.

Venta de entradas
A través de la página oficial de los Juegos de Braemar pueden adquirirse con anticipación los tickets de acceso, a partir de 14 £ por persona las entradas con asiento.

Alojamiento
Desde Bed&Breakfast hasta cottages para alquilar, a través de la página de Braemar.

Edimburgo, Escocia

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Edimburgo es una ciudad orgullosa de sus escritores.  Scott (1771-1832), considerado el padre de la novela histórica y romántica, tiene también aquí el monumento de mayor altura dedicado a un escritor: una especie de cohete de formas góticas en Princes Street, la calle que ofrece la mejor vista sobre la ciudad vieja, dominada por su imponente castillo, que se asiente sobre el magma de un volcán extinto.

La que fue su última residencia, Abbotsford, situada en un bellísimo valle rodeado de colinas junto al Tweed, uno de los ríos salmoneros de Escocia, ha sido, al igual que las ruinas de las abadías góticas que le inspiraron, como la de Melrose, un lugar de peregrinación de sus admiradores de todo el mundo prácticamente desde un año después de su muerte.

Edimburgo ostenta desde 2004 el título de “Ciudad de Literatura de la UNESCO”, el primero que concedió ese organismo de la ONU y que hasta ahora sólo tienen también Melbourne, en Australia, y Iowa City (en EU), aunque hagan cola otros aspirantes, entre ellas Dublín y Calcuta.

Pero es que además en Edimburgo nacieron muchas de las grandes editoriales de libros en lengua inglesa, hoy empresas globales, como Chambers o Collins, aquí se publicó también -en 1768- la primera edición de la Enciclopedia Británica, y en esta ciudad tienen su sede muchas de las más de un centenar de empresas del sector, que publican anualmente una media de 3.000 títulos.

Escocia cuenta asimismo con una vieja tradición de cuentacuentos, procedente de las culturas escandinavas, y algunos de sus autores más famosos, como los citados Burns, Scott o también James Hogg, se dedicaron en su día a recoger cuentos del folclore local, actividad que sistematizaría en el siglo XIX John Francis Campbell.

Actualmente hay en Escocia más de un centenar de cuentacuentos profesionales, lo que explica que se haya creado en la capital un moderno centro con un teatro especial para ese tipo de actividades.