Sigüenza,Guadalajara España.

Hay una ruta que nadie debería perderse. Discurre entre las villas medievales de Sigüenza y Atienza, en otro tiempo enclaves estratégicos y defensivos y hoy tranquilos pueblos donde perderse unos días y disfrutar al mismo tiempo de una buena gastronomía.

Tras dejar atrás los campos de encinas de La Alcarria se llega a Sigüenza. La ciudad se adivina desde muy lejos, el castillo que la corona asoma mucho antes de entrar en ella; es el más fiel testigo de su historia, no en vano fue durante siglos residencia de los influyentes y poderosos obispos seguntinos, los auténticos señores de la ciudad.

La villa es, en realidad, tres ciudades: medieval, renacentista y barroca. La más alta es la medieval y está presidida por la monumental fortaleza, obra de los visigodos sobre cimientos romanos, convertida en alcazaba por los árabes y residencia de la curia desde el siglo XII hasta el XIX. Hay iglesias románicas, San Vicente y Santiago, plazuelas con soportales, arcos, puertas de la antigua muralla y casas tradicionales, alguna de ellas insigne, como la del Doncel.

Grandes plazas, nobles residencias y hermosos edificios se asientan en ella, como el soberbio palacio episcopal  y la plaza Mayor, su mejor ejemplo. A ella se abre la catedral, la otra gran obra de Sigüenza, con aires de fortaleza.

En su interior, la afamada estatua del Doncel te llamará poderosamente la atención. Ortega y Gasset llegó a decir de ella que era la más hermosa del mundo. El barrio de San Roque es el vértice de la gran expansión monumental en época barroca que, como no podía ser de otra forma, también fue ideada por los obispos. En ésta, el señorial parque de la Alameda te servirá de respiro entre el magnífico conjunto de suntuosos edificios que lo conforman.

Haz un descanso en tu paseo por la villa para probar un fino seguntino y una tapa en cualquier taberna o extiende tu reposo para deleitarte con la gastronomía local, especialmente con su cordero asado.

Con las pilas cargadas, ha llegado el momento de continuar la ruta. A sólo siete kilómetros de Sigüenza, Pelegrina y La Cabrera tienen el privilegio de contar con el espectacular paisaje que ofrecen las hoces del río Dulce, donde se localiza la cascada del Gollorio. Su riqueza fue ensalzada por Félix Rodríguez de la Fuente, quien eligió estos pagos para grabar un buen número de sus películas. Hoy, un mirador, erigido por suscripción popular, agradece en Pelegrina la labor de este amante de la naturaleza.