La Habana Vieja

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Cada invierno, turistas llegados de gélidos países llenan las soleadas calles y plazas coloniales de La Habana Vieja. Beben mojitos en La Bodeguita del Medio, comen en los restaurantes de la Calle Obispo y se hospedan en pintorescos hoteles que recuperaron su gloria pasada gracias a una masiva restauración emprendida por el Gobierno en el centro histórico de La Habana.

Pero si caminan unas cuadras más allá y se sumergen en La Habana Vieja encuentran calles llenas de pozos flanqueadas por edificios semidestruidos y sin pintar donde la historia no es recreada, sino que vive una continua decadencia.

Con sus dos diferentes caras este sector es el corazón del turismo cubano y símbolo de los problemas de la capital. La Habana, fundada en 1519 por los españoles a orillas de una bahía, es un lugar donde el pasado está intacto, pero miles de sus edificios históricos están amenazados por la negligencia y la incapacidad del Gobierno por preservarlos.

Es una carrera contra el tiempo y el tiempo está ganando, a excepción de La Habana Vieja, donde más de 350 edificios se restauraron en una operación dirigida por el historiador Eusebio Leal.

El objetivo actual en Cuba es que de los muchos turistas que llegan, unos 2,42 millones en el 2009, la mayoría regresen al destino.