Experiencia en Parras, Coahuila

murcielagos

En medio del desierto se asoman los nogales y,el verdor de los viñedos que constrata con el dorado de las montañas. Se ha visitado una maquiladora de mezclilla y la bodega vitivinícola Casa Madero.Ahora se parte al “fuque”, a un río subterráneo, pues.

Para llegar al fondo de la cueva hay que caminar kilómetro y medio. El grupo se auxilia con lámpara y cascos. La luz es nula hasta que se llega a un boquete, mismo que abrieron años atrás porque pensaban que aquí había minerales.

De las piedras escurre y salpica agua pura, dicen que es un manantial. Los chorritos salpican, qué más da si el agua ya cubre hasta la cintura, pero de ahí no pasa. Cae una cortina de agua, si le da el sol se puede ver un arco iris. Se aprovecha la regadera natural para lavar la cara y por donde se tenga lodo.

Para salir del fuque hay que seguir caminando, aunque las piedras se interpongan; sirve que se hace pierna. No se llega al final caminando sino nadando. “Flojitos y cooperando”, como dice el dicho para que la corriente del agua sea la que nos saque.

Fuera las ropas mojadas. Hace hambre. La camioneta ahora nos lleva a la Hacienda Perote, ésta tiene una sorpresa reservada para cuando el sol se despida de Parras, Coahuila.

La comida es la mejor forma de esperar a que den las seis de la tarde. Nos alejamos del bullicio. Entre pequeños cerros está la entrada de donde saldrán murciélagos. Unas rocas sirven de asientos para esperar la parvada.

Chillan, les urge ir a conseguir comida. Saben guiarse a pesar de que la única luz que hay es la de la luna. Ya no se pueden contar. En media hora todos salen de la cueva.

Parras, un oasis coahuilense

parras

Ubicada en el sur del estado, esta agradable ciudad es conocida como el “Oasis de Coahuila”, ya que cuenta con un subsuelo en el que abundan los mantos freáticos, lo que hace que esta tierra sea regada generosamente por frescos manantiales; esto permite que en ella se cultiven gran variedad de productos, especialmente la vid, y que frondosas arboledas de frutales como las higueras y los nogales cubran el paisaje con llamativos tonos de verde, los cuales, en combinación con el intenso azul de su cielo, ofrecen un bello espectáculo la mayor parte del año.

Por las características geográficas y climáticas de este territorio, en 1598 se funda aquí la Misión de Santa María de las Parras, así llamada por la gran cantidad de parras silvestres que producía su suelo. De inmediato, uno de los colonizadores, Francisco de Urdiñola, estableció una pequeña bodega para almacenar el vino que elaboraba con vides silvestres.

La región también sería conocida como el Valle de los Pirineos por su semejanza con el de Europa, tan propicio para el cultivo de la vid y el olivo. Conviene recordar que durante el virreinato, la corona española prohibía en sus colonias la elaboración del vino de uva para evitar la competencia con la metrópoli; sin embargo, dada la extensión del territorio de la Nueva España, en algunos casos, como el de Coahuila o el de Baja California, se permitió este cultivo con el fin de que los frailes pudieran contar con el vino necesario para celebrar los servicios religiosos.

En 1868 se funda la ciudad de Parras de la Fuente en honor de don Juan Antonio de la Fuente, distinguido diplomático coahuilense, y para finales del siglo, don Evaristo Madero Elizondo, patriarca de esta conocida familia, se asentó en la ciudad, estableció la “Casa Madero”, primera compañía vitivinícola en América, y consolidó en 1899 la fábrica de mantas “La Estrella”, que aún continúa operando y es famosa por producir una mezclilla de magnífica calidad, reconocida internacionalmente.

El crecimiento de estas industrias y el agradable ambiente de la ciudad ocasionó que muchos extranjeros de origen alemán, francés, inglés, italiano y griego, que llegaron como asesores técnicos textileros y vitivinícolas, decidieran sentar sus reales en Parras. Seguramente esta mezcla de nacionalidades ha contribuido a forjar el carácter especialmente amable y hospitalario de sus habitantes.

Con el paso del tiempo las bodegas vitivinícolas se multiplicaron y actualmente existen muchos cultivos caseros, pero la Casa Madero sigue siendo la más importante y ya son varios los premios internacionales que ha obtenido por la calidad de sus vinos.

En los últimos años el cultivo del nogal se ha extendido de manera considerable, al grado que hoy cuenta con cerca de 5 000 hectáreas de plantíos de nogal, que constituyen una fuente de ingresos semejante al de la uva.