Ballenas en el Caribe

Bosques de cocoteros, montañas verdes, larguísimas playas de palmeras, y mucha, mucha soledad brinda la península de Samaná. Pero, qué decir del espectáculo que los mamíferos cetáceos ofrecen en este rincón paradisíaco de la República Dominicana.

Alrededor de 3.000 ballenas procedentes de los mares de Islandia, Groenlandia, Canadá y América del Norte se reúnen en Samaná.

Playa virgen de Samaná.
Ya nadie que se acerque a la bahía de Samaná llega buscando los tesoros que piratas y marineros dejaron atrapados en sus barcos hundidos en el fondo del mar, y no es que no se conserven aún bajo las aguas, ahora lo que se viene a buscar aquí es el rastro de las ballenas jorobadas que llegan a este rincón caribeño para cumplir con el ritual del cortejo y el apareamiento; y eso, claro, es digno de ver.

La playa del Cosón es un anfiteatro perfecto para la contemplación del espectáculo de las ballenas enamoradas, pero más conviene es enrolarse en una excursión, que suele durar medio día, para ser testigo de primera mano del mismo. Año tras año, entre los meses de enero y marzo, y atraídas por las condiciones favorables de las aguas, alrededor de ¡3.000! ballenas procedentes de los mares de Islandia, Groenlandia, Canadá y América del Norte se reúnen en Samaná, dando origen a la mayor concentración de ballenas jorobadas del mundo.

A escasos metros de distancia y con la cámara de fotos preparada para no perderse la instantánea en el Banco de la Plata resulta mágico contemplar cómo los machos, de más de cuarenta toneladas de peso, emergen del agua y dan un salto prodigioso intentando atraer a la hembra. Los que no lo consigue prueban a seducirlas a través de una canción que sólo ellas pueden escuchar en un radio de alrededor de 30 kilómetros. Pasados tres o cuatro meses y después de dar a luz a los pequeños ballenatos, sus madres dan por finalizado el espectáculo y preparan el regreso hacia los mares árticos.

Pero Samaná, más allá de las ballenas, es un lugar bendecido por la madre naturaleza que bien se ha empeñado en otorgarle otros encantos. Hay montañas verdes e infinitas e inmaculadas playas, pequeños pueblos pesqueros bañados por el agua azul turquesa del mar Caribe y arrecifes de coral ideales para el buceo. Y, sobre todo, pocos turistas, que eso siempre es de agradecer.

Quien vaya detrás de historias, no faltan en esta península situada en la costa noreste del país, como las que relatan que fue aquí donde Cristóbal Colón hizo escala en su Descubrimiento del Nuevo Mundo, Napoleón gobernó, los piratas hicieron guarida y esclavos americanos poblaron sus tierras, que –unidos a europeos de Francia, España e Italia-, dieron lugar a una mezcla de culturas que les diferencia del resto de dominicanos, lo que se traduce incluso en la diversidad culinaria y en el idioma.

En la búsqueda de las playas más espectaculares de Samaná hay que salir en busca de Playa Bonita. En sus diez kilómetros de extensión y miles de cocoteros uno puede abandonarse al descanso o complementarlo a la perfección con la práctica de deportes acuáticos, como el surf, windsurf o el submarinismo. Y para otro momento, también está la isla de Cayo Levantado, en la entrada de la bahía, con dos playas idílicas de arena blanca, altísimas palmeras y áreas boscosas de esas de película.

Más salvaje es el Parque Nacional de los Haitises, una vasta zona de lomas rocosas, manglares, ríos y pequeñas islas llamadas mogotes, protegidas debido a la riqueza de su fauna, ya que aquí habitan más de cien especies de pájaros, manatíes, tortugas marinas, murciélagos y grandes reptiles. Y en el mismo nivel de exotismo y aventura, también están la cascada del Limón, el parque Ecotopía, las excursiones por los ríos tropicales… Te faltará tiempo.

GUÍA PRÁCTICA

Excursiones
Empresas como Natourall, Arenaya o Colonial Tours ofrecen salidas en barco hacia el santuario de las ballenas jorabadas.

Dónde dormir
La mayoría de los complejos hoteleros están situados en las poblaciones de Las Terrenas, Sánchez, Las Galeras y Samaná. Uno de los más atractivos es Gran Bahía Príncipe El Portillo, situado en la localidad de El Portillo, a pocos kilómetros de Las Terrenas, que cuenta playa privada y un gran número de instalaciones deportivas. Buena opción es también Playa Colibrí.

Los siete tesoros de Santo Domingo

El Ministerio de Cultura de la República Dominicana y el Bureau Internacional de Capitales Culturales declararon hoy oficialmente los siete tesoros de Santo Domingo Capital Cultural de América de 2010.

Los siete elementos del patrimonio cultural local, elegidos por votación popular, son el Alcázar de Colón, la Catedral, la Fortaleza Ozama, el Museo de las Casas Reales, el Jardín Botánico, el Malecón y el Palacio de Bellas Artes de Santo Domingo.

El ministro de Cultura, José Rafael Lantigua; y el presidente del Bureau Internacional de Capitales Culturales, Xavier Tudela, entregaron los certificados que acreditan estos lugares como tesoros de Santo Domingo Capital Cultural de América de 2010.

Tras estos siete elementos del patrimonio cultural dominicano figuran el Barrio Chino; la calle de Las Damas; el Palacio Nacional y el Hospital San Nicolás de Bari.

También aparecen en la lista el Panteón Nacional; el Parque de los Tres Ojos; el Altar de la Patria; el Hostal Nicolás de Ovando; las ruinas del Monasterio de San Francisco; el Faro a Colón y la Alcantarilla Colonial, entre otros.

Se pretende establecer nuevas rutas turísticas que permitan a los visitantes conocer la riqueza patrimonial de Santo Domingo, a la vez que se promueve la participación ciudadana.

La Capital Americana de la Cultura, creada en 1998, tiene como objetivo promover la integración interamericana desde el ámbito cultural, contribuir a un mejor conocimiento entre los pueblos del continente americano y poner de relieve el patrimonio cultural común.

Santo Domingo, que tiene programadas unas 600 actividades culturales para todo el año, pretende exportar a todo el mundo su activa y rica vida cultural durante el periodo de la capitalidad, según el Ministerio de Cultura del país.

Santo Domingo, República Dominicana.

Santo Domingo fue fundada el 5 de agosto de 1498, y se encuentra a orillas del mar Caribe.

La ciudad de Santo Domingo fue declarada por la UNESCO Patrimonio Mundial de la Humanidad. La primera Catedral, universidad, hospital, parque, ayuntamiento, y el primer Alcázar de América, bellísima casa que mandó construir el Virrey Diego Colón, hijo de Cristóbal Colón.

Esta estratégica vivienda se encuentra al final de la calle Las Damas, llamada así por el recorrido que cada tarde hacía la esposa del Virrey, María de Toledo, justo por encima de la que fuera la puerta de entrada a la amurallada ciudad. Allí se puede disfrutar de la amplísima Plaza de España, donde la brisa fresca y la vista al plácido río, ofrecen un deleite verdaderamente encantador.

En el centro de la plaza está la estatua de Ovando, el implacable conquistador, constructor de la ciudad y aniquilador del pueblo indígena, quien además prohibió al mismísimo “Almirante de la Mar Océana” tocar tierra en su último viaje a la isla.

En la calle Las Damas se encuentran también las Casas Reales y la Casa de los Jesuitas, hoy convertido en Panteón Nacional, descanso eterno de héroes como el general Gregorio Luperón, espada principal de la Restauración, en cuya bóveda mayor se aprecia un fresco al óleo del madrileño Rafael Pellicer.

Un punto neurálgico de la ciudad es la calle del Conde, por donde pululan bohemios, poetas y artistas, única peatonal de toda la zona. Al final de su trazado está el Parque de la Independencia y la Puerta del Conde, donde se enarboló por primera vez la bandera dominicana (1844), y la tumba de los tres Padres de la Patria.

La angosta calle atraviesa de este a oeste la Ciudad Colonial, repleta de cafetines, tiendas de todo tipo, bisuterías, salones de belleza y oficinas, y en su comienzo ofrece una hilera de cafés y pequeños restaurantes, en el que habituales y turistas se reúnen a conversar provistos de sandwiches y platillos de comida exótica y local.

El parque Colón, al lado de la Catedral, es el vértice en el que convergen turistas de lugares tan lejanos entre sí como Costa Rica y Japón bajo sus gigantescos álamos, higos y flamboyanes.